martes, 4 de julio de 2017

LA DESIGUALDAD Y LA INJUSTICIA EN CHILE NO LAS ACABAREMOS CON ELECCIONES NI REFORMAS


Varios hechos hicieron noticia en Chile durante el pasado fin de semana: la derrota de la selección de futbol, un ludópata se suicida llevándose por delante a 2 muertos y la celebración de unas anémicas primarias. Sin embargo, a nadie le mereció reparos el recrudecimiento de la política empresarios/derecha del pico en el ojo en contra de los pueblos y l@s trabajador@s, expresándose esto en la extrema desigualdad de los ingresos, una miserable alza del ya mezquino salario mínimo, y otras bonitas injusticias

El PNUD nos saca la película sobre la extrema desigualdad social en Chile, pero no acierta en la receta

El pasado 14 de junio, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) dio a conocer las principales conclusiones de su libro "DESIGUALES. Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile”, texto que aspira a servir de base sobre, “la cual discutir e imaginar un país con mayores grados de igualdad”. Lamentablemente, tan loable meta se hará imposible de cumplir en los marcos de la estrategia del ente mundial, puesto que para revertir efectivamente la inequidad reinante él no plantea –ni podría, tomando en cuenta el elemental reformismo que anima a sus gestores- un cambio profundo y completo de las bases socio-económicas que generan y reproducen la desigualdad e injusticia social imperantes en nuestra formación.

Con todo, en aquel texto se nos advierte que la desigualdad socioeconómica es una problemática extendida, la cual seguirá siendo parte de las discusiones respecto del desarrollo del país en los años venideros, puesto que sus mecanismos de reproducción tienen raíces profundas en la historia de Chile, aunque exacerbados en los últimos 44 años.

Si bien la publicación describe unos pocos avances relativos en ciertos aspectos sociales durante las últimas décadas, como la reducción de la pobreza, el mayor acceso a la educación superior y ciertas reformas políticas, a contracara de ello se hace notar la existencia de bajos salarios y pensiones, un futuro laboral incierto, la posibilidad siempre presente del desempleo o los tratamientos médicos que no se pueden costear, situaciones que configuran amenazas que el esfuerzo y el mérito personal no alcanzan a sortear, y que empuja demandas por una mayor seguridad socio-económica e inclusive política.

Como los efectos de la ideología oficial cruzan de lado a lado nuestra formación, no resulta extraño que l@s chilen@s en general no se quiten el velo que les impide ver la realidad concreta y puedan –en consecuencia- ser capaces de criticar y atacar las causas originarias de sus problemas cotidianos y a quienes se benefician con estos, sino que consistentemente los datos muestran que las desigualdades que más molestan a la mayoría de la población son aquellas asociadas a los efectos de aquellas causas: inequidad en el acceso a salud y a educación, además del trato que reciben las personas. Y ¡ojo!, un 41% de la población encuestada reportó haber sufrido una o más formas de malos tratos en el último año. No obstante, algo del trasfondo de la sociedad donde vivimos alcanza a ser apreciado por l@s encuestad@s, l@s que atribuyen dichas situaciones a dos razones principales: clasismo y machismo.

Frente a éste escenario, el PNUD propone concentrar el debate respecto de la desigualdad en el país en seis “nudos” los que -según ellos- servirían para explicar su reproducción y a la vez que permiten imaginar cambios. Siendo significativa y veraz la descripción de tales aspectos críticos, se pierden luego al plantear su abordaje y solución:   

*Una estructura productiva que genera circuitos diferenciados de productividad: un conjunto reducido de grandes empresas que ofrecen buenas remuneraciones y estabilidad laboral y un inmenso universo de pequeñas y medianas empresas de menor productividad que no logran asegurar ni estabilidad ni calidad del empleo; *Un sistema educativo que por su estructura segmentada no logra generar suficiente “igualdad de oportunidades” (típico artefacto ideológico capitalista), la que “garantice la movilidad social intergeneracional” (¿se podrá lograr ello mediante el simple expediente educativo?); *Un Estado que ha mostrado avances en la implementación de políticas sociales, pero que sigue al debe en la provisión de mayores seguridades para los ciudadanos; *Una alta concentración de la riqueza y el ingreso en un número reducido de grupos económicos, lo cual genera reparticiones de los excedentes y patrones de inversión que reproducen la concentración y dificultan reducir la desigualdad; *Una alta elitización en la representación política: más del 70% de los ministros, casi 60% de los senadores y más del 40% de los diputados del período 1990-2016 asistió a colegios de elite, carreras y universidades de elite, o ambas (lo que generaría, “distancia por parte de la población respecto de sus representantes y líderes); *Patrones culturales que justifican o critican la desigualdad existente. De hecho, conviven valores de una meritocracia perversa a partir de los cuales se estigmatiza a la población más vulnerable –“aquellos que no se esfuerzan” y/o “que son flojos”- y a su vez se critica el abuso de contactos y privilegios por parte de las clases adineradas.

Uno de los presentadores del texto aseveró que, "la gente tiene una sensación de que el país está mucho mejor, pero al ver los sueldos, el acceso a la salud, pensar en el futuro, imaginar el futuro con las pensiones, la educación, se vuelve muy difícil", y agrega que, "hay un sentido de dignidad más fuerte, las personas esperan ser tratadas con mayor dignidad, los estudios demuestran que eso está creciendo muy fuerte" (y agregamos: en buena hora). Luego, el mismo investigador manifestó que, "si lo vemos en términos absolutos, calculamos que en el 50% de la población hay salarios bajos, no les alcanza para vivir, ahí la media era de 340 mil pesos, hay un 50% de los hogares en Chile donde el proveedor principal no alcanza eso".

¿Clasismo en Chile?, pero claro; si estamos evidente, profunda y asimétricamente divididos en clases

El principal motivo al que las personas atribuyen sufrir “malos tratos” es, según el PNUD, la clase social (41%), luego el lugar donde vive (28%) la vestimenta (28%) y su ocupación o trabajo (27%). Obviamente, en su origen, todas estas situaciones se relacionan con la condición socioeconómica de la gran mayoría de la población: explotada, discriminada y excluida.

“Chile es un país clasista. El clasismo gatilla experiencias de menoscabo y discriminación”, sostiene el estudio, en el cual se echa en falta la explicación de ese clasismo en la muy sesgada y asimétrica estructura de clases existente, que justifica toda discriminación, segregación y violencia legal antipopular en la centenaria explicación de que los poderosos y adinerados lo son por una suerte de designio natural y que siempre ha sido así. De tal manera, la ideología de las clases dominantes hace mella y se expande en amplios sectores de la población, explicando esto (no justificando) las muchas condiciones o situaciones plausibles de producir menoscabo: “el clasismo”; la edad, sobre todo para los mayores de 65 años y los jóvenes entre 18 y 24 años; la apariencia física; el sexo; nivel educacional; etnia o raza; discapacidad y en los últimos lugares, el color de piel y la orientación sexual.

Según la publicación, para gran parte de los chilenos, “las desigualdades socioeconómicas se viven como diferencias en el modo en que los otros las consideran, que es gatillado por marcadores de clase, entre los que se cuenta la forma de vestir y de hablar, el lugar donde se vive, la posición en la jerarquía organizacional y la ocupación”. Pero, aquí observamos que la crítica se queda en la superficie del oprobio, puesto que un@s y otr@s vestimos, hablamos, vivimos y trabajamos muy en relación con nuestra posición en la inicua y muy desigual estructura de clases; del lugar que ocupemos dentro de las relaciones sociales de producción de la formación económico-social chilensis (¡oh!, se nos olvidaba que Carlitos Marx está muerto y enterrado). 

Para muestra de la discriminación, un botón: salario mínimo v/s ingresos de la banca

Éste 1º de julio, el salario mínimo tuvo un aumento de apenas $6 mil pesos, llegando a los $270 mil; es decir, tuvo un magro incremento del 2,27%. Según cifras del Ministerio del Trabajo, este aumento “beneficiará” a más de 190 mil personas en el país que se rigen por el Código del Trabajo, aunque cifras de hace un año indicaban que en Chile eran cerca de 700 mil los que ganaban un salario mínimo o menos. Con todo, las autoridades no nos dicen que los efectos de aquella miserable alza se expresan en varios otros aspectos que hacen parte de los sueldos en general: los salarios para los trabajadores mayores de 65 años y para los trabajadores menores de 18 años; la asignación familiar y maternal del Sistema Único de Prestaciones Familiares para los beneficiarios con ingresos mensuales que van desde menos de $283.312 y hasta aquellos que no superen los $645.400.  

Sólo a modo comparación (pues toda medición es una comparación) y aunque sea nominal, atendamos a que en Venezuela, éste mismo 1º de julio, el salario mínimo fue incrementado en un 50%.

En contraposición con el desnutrido “aumento” del salario mínimo (SM) en Chile, nos encontramos con una obscena noticia propalada el pasado fin de semana en la parte más recóndita de los medios: las ganancias obtenidas en un solo mes (mayo) por parte de la banca fueron de nada menos que US$1.500 millones. Es decir, si extrapolamos, el capital financiero interno y aliado dependientemente del gran capital transnacional se podría embolsillar este año, ¡ni más ni menos que US$18 mil millones!    

Así, como en nuestro país existen más o menos 8 millones de ocupados (con diversos tipos de modalidad y contratos), si los dueños de los bancos quisieran ser solidarios y soltaran la mitad de sus ganancias anuales para entregar a la clase trabajadora, cada uno de l@s integrantes de esta podría recibir -a $664 por dólar- 747 mil de una vez o 124 mil por mes hasta el próximo “aumento” del salario mínimo, el 1º de enero de 2018. Entonces sí que cada explotado que recibe el actual SM vería un incremento real de sus ingresos y eso en un 47%; o sea, casi como en Venezuela. De todas maneras, considérese que la Asamblea por los Derechos Sociales y Populares y nosotros hemos planteado -con bastante respaldo- la necesidad que dicho SM llegué en Chile, este año, a $440.250; ¡ni más ni menos!
   
Lo de siempre: ¿Reforma o Revolución?

No nos llamemos a engaño. Para nadie es un secreto que los de arriba, los que se hacen cada día más ricos a costillas del trabajo de millones de explotad@s, de las penurias y estrecheces de est@s y sus familias, no soltarán jamás prenda por las buenas, a fuerza de reformas, de gobiernos progresistas (por muy jurados que estos lo sean). El actual patrón de acumulación capitalista, implantado mediante las bayonetas en 17 largos años de dictadura cívico-militar y que tan bien han sabido conservar y reproducir los gobiernos de ésta democracia de baja intensidad, logró desarrollar merced a la incesante labor creativa de probados estudiosos e ideólogos del capital monopólico-financiero, nacionales y extranjeros, una inmensa matriz político-ideológica-militar que hace imposible desmantelar el sistema de dominación y explotación por las buenas, por el accionar de un reformismo prosaico u otro renovado, por la vía política tradicional, por el trillado expediente de las votaciones y las elecciones.

¿O alguien cree de muy buena fe que los Angelini, los Paulmann, los Solari, los Luksic, los Matte Larraín, los Saieh, los Ponce Lerou, los Piñera, los Yarur; en suma, las 10 familias dueñas de Chile, se quedarán de brazos cruzados frente a cualquier práctica política que huela a una real transformación del actual sistema de la ignominia y la indignidad legalizadas? ¿Entregarán ellos así como así la gallina de los huevos de oro con tetas de la que disponen a su entera satisfacción hace casi 44 años a cualquier agrupación o frente político, sólo porque estos cuenten con un pretendido discurso entre ‘outsider’ y ‘progre’ (que en todo caso abjura del compañero Salvador Allende y de la Revolución Cubana)? ¿No será bien otra la estrategia y la táctica que los explotados y excluidos de Chile tendremos que levantar para enfrentar a nuestros enemigos de clase, construyendo desde ya el poder que nos permita hacerlo efectivamente y derrotarles por fin?   

¡Que la Historia Nos Aclare el Pensamiento!
¡Sólo la Lucha y la Unidad Nos Harán Libres!


Colectivo Acción Directa CAD –Chile
Julio 4 de 2017

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