
Ofrecemos dos análisis, interrelacionados, sobre las formas de la
opresión actual impuesta por los sectores dominantes y de su combate por parte
de los dominados. En el primero, un catalán, Fontana, asemeja las formas actuales
de dominación a las ejercidas en un campo de concentración. En el segundo, un
mexicano, Zibechi, junto con ampliar el contexto de lo anterior, arriesga algunas
propuestas de lucha y organización
LA LÓGICA DEL CAMPO DE
CONCENTRACIÓN
Traducción Xavier Caño (Attacmadrid.org), 14/07/2015
He leído últimamente
una serie de nuevas investigaciones sobre el holocausto y los campos de
concentración, entre las que destaca el gran libro de Nikolaus Wachsmann KL, y
me he percatado de que, como la mayoría de la gente, era víctima del error de
creer que esos campos eran un lugar de exterminio. No lo eran, sino
organizaciones industriales gestionadas con criterios económicos peculiares,
pero muy racionales para obtener los máximos beneficios.
En
realidad, todo el sistema de dominación nazi estaba pensado según esos principios.
La ocupación de territorios del Este, en Polonia y Rusia, se organizó para
lograr la máxima producción de alimentos que proveerían a los ejércitos
alemanes. Del mismo modo, los más de siete millones de prisioneros y
trabajadores forzados extranjeros que había en el Reich estaban dedicados a
producir. Cuando los polacos que trabajaban en los campos alemanes regresaron a
su país, al fin de la guerra, no quedaba nadie para cultivar la tierra, de modo
que los aliados se vieron forzados también a hacer trabajar a los prisioneros
de guerra para paliar el hambre.
Todo,
hasta la propia aniquilación de los judíos, se pensó con criterios de
rentabilidad. El protocolo de la conferencia de Wannsee de 20 de enero de 1942,
que planeaba la eliminación final de los judíos de Europa, preveía que once
millones de judíos fueran evacuados hacia un destino indefinido, en Rusia o más
allá. Conducidos en grandes columnas, separados por sexos, se les haría
construir carreteras. “No hay duda -añadía el protocolo- que se perderá una
gran proporción de ellos a consecuencia de la selección natural. Los que queden
necesitarán un tratamiento adecuado, porque sin duda representan la parte más
resistente y se podrían transformar en el germen de una resurrección judía
(pruebas de ello hay en la historia)”.
Pero
la mejor muestra de racionalidad económica la tenemos en los grandes campos de
concentración, donde, según cálculos de Wachsmann, murieron 1.700.000 personas
(menos de la tercera parte de los seis millones de víctimas del holocausto).