“¿Contralor por Fiscal Nacional?: Las inevitables negociaciones del
duopolio político”
“A
pocos días de que el Senado deba aprobar o rechazar los candidatos propuestos
por el Ejecutivo para los cargos de Contralor General y jefe del Ministerio
Público, las negociaciones entre el oficialismo y la oposición se intensifican,
como suele ocurrir en este tipo de situaciones”
Octubre 12, 2015
En julio de 2006,
cuando cumplía cuatro años como Contralor General de la República, Gustavo
Sciolla Avendaño renunció al cargo. Las diferencias y desacuerdos políticos se
tradujeron en que el nombramiento de su sucesor se prolongara por nueve meses.
Finalmente,
y luego que el primer candidato de la entonces Presidenta Michelle Bachelet, el
abogado Pablo Ruiz-Tagle, fuera rechazado por el Senado, el 10 de abril de 2007
el abogado Ramiro Mendoza Zúñiga se convirtió en el nuevo Contralor.
Tal
como ha ocurrido con diversos temas durante el periodo de la postdictadura, la
Concertación y la Alianza llegaban a un acuerdo. Las negociaciones estuvieron a
cargo del ministro de la Segpres José Antonio Viera-Gallo.
Pero
esto implicaba una condición: los parlamentarios de la UDI y RN darían sus
votos para eliminar el sistema binominal. Sin embargo, no ocurrió así. El
contralor se mantuvo en su cargo durante ocho años. El binominal recién fue derogado
en 2015.
Hace
seis meses que el cargo de Contralor se encuentra vacante, cuando el 10 de
abril Ramiro Mendoza, el mismo que generó más de un dolor de cabeza a los
gobiernos de turno, cesó en sus funciones.
Hoy,
recientemente nombrado como integrante del equipo de defensa de Corfo, en el
litigio que mantiene contra SQM, ha defendido la postulación de Enrique
Rajevic. “A lo mejor yo tengo tejado de vidrio. Cuando llegué, que se me
tildaba que era tan de derecha, había sido asesor de unos siete u ocho
ministerios”.
Y
al igual que Mendoza en su momento, la situación de Rajevic no solo es
incierta. También la de quienes lo proponen para el cargo.
La
decisión del Ministro del Interior, Jorge Burgos, de no ceder en su objetivo,
le ha generado otro gran problema al Gobierno. Su desesperado trabajo para
reunir los votos necesarios para elegir a su candidato requerirá de un esfuerzo
mayor. Al igual que en 2007, la negoción política deberá satisfacer a los
detractores y ofrecerles algo a cambio.