“(La burguesía) En lo sucesivo, está
condenada a mantener formas dictatoriales de gobierno y a imposibilitar la
instauración de un régimen democrático que permita la libre competencia para
retener o alcanzar el poder político…”
- Joan Garcés, uno de los principales asesores del
Presidente Salvador Allende, luego del Golpe
Lo acontecido en el
plano de la política en lo que va recorrido desde 1990, pero con especial
atención desde fines de 2010, pone de manifiesto que el sistema político en
curso no es democrático ni representativo de la soberanía popular, y que los
diversos gobiernos a lo largo de ésta supuesta democracia ‘recuperada’ no
tienen interés en resolver dicha impasse (o ‘crisis de representatividad’, al
decir de cierta sociología), ni siquiera en los marcos de una restringida democracia
liberal.
Pero, ¿qué es lo
que ha permitido a la gran mayoría nacional darse cuenta que ésta democracia no
vale un peso, lo que se demuestra en las encuestas de opinión y en la
conversación diaria?; sencillo, el movimiento y el sonido de las cadenas que
portábamos cuando el movimiento de masas comenzó a agitarse.
La calmada
convivencia seudodemocrática de éste país vino a romperse gracias a la gran
movilización de los trabajadores del sector público, a fines de 2010, en
que a su tradicional petición de aumento salarial unieron también demandas político-sociales. Durante dos meses, se remeció el
aparato público producto del paro y las multitudinarias marchas, alcanzando un
gran apoyo por parte de la ciudadanía.

Durante el segundo
semestre de 2011 se realizarían dos paros locales en Calama, pero sería a
partir de marzo de 2012 que se desplegaría una movilización más constante demandando que
parte de las ganancias mineras se quedasen para mejorar las condiciones de la
región (Fondenor).
A los loínos se les unirían, al poco andar, los atacameños, también por mayores recursos para las comunas mineras y por la descentralización.
También resultó muy
enfervorizada y extendida la revuelta que por dos semanas y media, en mayo de 2016, llevaron a cabo las comunidades de la zona norte de la isla
de Chiloé y parte de la sur de la Región de Los Lagos. Nuevamente la llevaban
los pescadores, quienes logran arrastrar con sus aspiraciones a buena parte de
pobladores de la isla, así como a trabajadores de diversos ámbitos a ambos
lados del canal de Chacao.
Llama la atención
la organización de todas estas instancias como de ‘Asamblea Ciudadana de NN’,
las cuales rehuían una impronta más “política”.
Un quiebre más intenso
de la militarizada paz social vino a darse con la tremenda acometida del
movimiento estudiantil de mediados de 2011, el cual aún pervive, aunque con mucho
menos masividad y rupturismo. Claro que
no debemos olvidar que éste tuvo su prolegómeno en 2006, cuando se movilizaron
sobre todo los estudiantes secundarios; la ‘Revolución Pingüina’, que demostró
el enorme potencial de lucha del estudiantado.
Sin embargo, como
dicen los filósofos que saben, todo contiene su contrario.
Así fue como el
inmenso movimiento reivindicatorio de los funcionarios públicos, fue como el
canto del cisne. Desde entonces, tanto el gobierno de Tatán Piraña como el
actual de la Nueva Mayoría (NM), han sabido coartarlo muy bien, mediante
ofrecimientos diferenciados y hartas promesas o bien, por la simple aplicación de castigos. Por otro lado, han contado con la infame labor de dirigentes
partidarios de la NM o de la derecha, quienes creen hacerlo de puro miedo
cuando venden su movilización sectorial a cambio de mantener la paz social (y
algunas prebendas para sus personas, como viajes al extranjeros, becas y
escalar en la jerarquía de sus respectivas tiendas políticas).
Así también ha
ocurrido con los potentes movimientos sociales territoriales o “ciudadanistas”.
Los engatusaron con subsidios, morigerando el alza de algunos precios de
alimentos y/o servicios, prometiendo futuros -aunque improbables- proyectos de
ley que todo lo vendrían a resolver, elevando a algunos próceres a funcionarios
del gobierno o al Olimpo del congreso, etc.
La Revolución Pingüina
culminó con el binomio en el poder tomándose de las manos y alzándolas con
júbilo junto a unos pocos dirigentes secundarios; fue un buen ‘cambiazo’. Al
movimiento estudiantil que se agita desde 2011, lo han reprimido, invitado a
diversos e insulsos diálogos, mediatizado por los dirigentes pro-Concertación y
ahora NM, etc. En suma, la cooptación político-social y la represión han sido
la constante en la relación gobiernos mantenedores del sistema-movimientos
sociales.
La Actual
Coyuntura
Antes de entrar en
materia, aclaremos que la Nueva Mayoría (NM) y la derecha política,
conjuntamente con el bloque en el poder, éste último expresión de las clases y
fracciones de clase dominantes, constituyen lo que en las sociedades
capitalistas, y por ende divididas en clases, se conoce como el bloque político
de Estado (BPE).
Es más que evidente
que hoy por hoy existen variados y extendidos sectores sociales activados y
movilizados en pos de concretar sus postergadas demandas. No obstante, algunos
muestran un mayor desarrollo que otros en cuanto a ese accionar. Así,
constatamos destellos entre los estudiantes, secundarios y universitarios;
franjas radicalizadas de pobladores y deudores habitacionales; importantes
segmentos de trabajadores, públicos y privados; y sobre todo en las comunidades
Mapuche en resistencia desde el Biobío hasta la región de Los Lagos. Y el hecho
que afirmemos que existe por estos días un soterramiento del combate entre el
BPE y el movimiento popular en su conjunto, no significa que éste último esté
perdiendo, ni mucho menos. Al contrario, nos parece que los niveles de
organización, coordinación y lucha entre los sectores y frentes sociales que
llevan adelante una lucha rupturista y consecuente demuestran una mejora
cuantitativa respecto de la situación existente un lustro atrás, y
cualitativamente superior a la de hace una década.
Nos conmueven de
tarde en tarde combates político-sociales de algunos sectores de los pueblos y l@s trabajador@s, a los cuales se suman
diversas organizaciones sociales y políticas de izquierda (derechamente, de
aquella que no está por la vía electorera), lo que viene a demostrar que el movimiento
popular chileno, aunque desmembrado y no muy politizado aún, continúa firme en
la lucha.

Podríamos dejar
tranquilos a toda esa pléyade de animados candidatos, desde el saltimbanqui
ME-O al atrevido –aunque inflexible- Artés, pasando por el amorfo Navarro y el insulso
Frente Amplio. El drama para el movimiento popular es que ellos, con toda su
tramoya y su pretendido discurso renovador, pero sobre todo por su despliegue
de una estrategia política que posterga cualquier enfrentamiento y organización
realmente revolucionaria en aras de obtener una quimérica victoria electorera,
simplemente no hacen más que postergar las justas y urgentes demandas de los
pueblos y l@s trabajador@s, a la par que debilitan la toma de conciencia de vastos
sectores del movimiento popular en que sólo la lucha y la unidad los harán libres.
Prueba de lo
anterior, lo exhibimos en tono interrogativo: ¿qué pasó con la fogosidad del
Movimiento Nacional No+AFP?, ¿en que quedó el fervor del Movimiento
Estudiantil?, ¿alguien vio a la gente del FA, de los sectores del MAS, del PRO
y otros así organizando y liderando luchas sectoriales y por demandas
transversales como Salud, Educación, Vivienda, etc.?
Con todo y
parafraseando el viejo y sabio refrán, debemos reconocer que la izquierda
anticapitalista, aquella que no acarrea votantes a las sagradas urnas de los
que nos dominan como borregos al corral y que no se pierde por la trillada vía
del cretinismo electoral, no hemos sido capaces de reconocer la viga en nuestro
propio ojo, pero –eso si- nos extendemos latamente a la hora de criticar la
paja en el de los neorreformistas y neosocialdemocratoides. Y somos nosotros
los que seguimos anteponiendo parcelas y estólidos baluartes a la necesaria
unidad, los que dejamos cancha, tiro y lado al sectarismo, a la desconfianza
entre fuerzas amigas, a los personalismos más cavernarios; en suma, los que
echamos por la borda las múltiples posibilidades de la lucha y la unidad más
decididas, dejando pasar de largo muchas expresiones de lucha y unidad del
movimiento popular.

Su Moral
Parece que al BPE se
le olvida que le son propias y sistemáticas las prácticas del cohecho, las
coimas, el soborno, la corrupción, el enriquecimiento ilícito, el tráfico de
influencias, el incumplimiento de deberes, la mentira, el lavado de activos, la instigación a las FF.AA. y de orden para que, sin parar mientes, cumplan
su rol de fieles guardianes del orden de los ricos, etc. Pero su moral se
mantiene incólume, según ellos, por cuanto los medios no importan si el fin, en
este caso mantener la institucionalidad, logra salir indemne. Pero cada día va
quedando más al descubierto que su maquiavélico proceder sólo oculta fines muy
terrenales y muy contradictorios con el respeto de esa gran mayoría nacional
que, supuestamente, coloca en manos del estrato político civil la soberanía y a
la vez acepta los ingentes niveles de riqueza arrancados por la patronal.
Nuestros
politicastros y nuestra burguesía se refocilan hoy en llamados para establecer
‘acuerdos’ que entierren sus negociados y prácticas inmorales, y mientras más
amplios sean ellos, tanto mejor. Ya hemos dicho que tal política de pactos se
asienta en una orientación política hacia la centro-derecha y, sin duda, busca sumar
al conjunto de las clases dominantes para lograr cristalizar un gran acuerdo
que asegure las bases del sistema de dominación, relativamente puesto hoy en
cuestión por quienes lo sufren.

El BPE, de más en
más, al verse cuestionado por las grandes mayorías y minado por su corrupción indesmentible,
tenderá a utilizar no digamos ya la descalificación, demonización
y criminalización
(en ese orden) de los movimientos sociales, sino que empleará la represión
física lisa y llana. Será como en el modelo clásico*: “El ejercicio de la
represión física está legitimado en adelante porque se presenta como
correspondiente al interés general del pueblo-nación”. Ese bloque político se
saca su careta democrática y reimpone, entonces, el concepto original del
Estado de clase capitalista que señala que a partir de la luma, la patada, la
tortura o el balín se forja el “Estado de derecho”.
Al final, ellos
mismos han incumplido con el rol que se autoasignaron con el famoso ‘contrato
social’, entre dominadores/dominados. Han quebrantado la fe pública y la
confianza de los portadores de la etérea ‘voluntad general’.
Nuestra
Moral, Nuestra Elección
Sin embargo, la más
simple -aunque comúnmente no muy evidente- verdad es que el pueblo y los
trabajadores no necesitamos de los empresarios y del estrato político civil; no
tenemos la obligación moral de acatar ninguna de sus leyes, mandatos,
reglamentos, edictos u ordenanzas. No debiésemos obedecer, acatar o aceptar
ninguna disposición política y/o ideológica emanada de quienes han perdido toda
calidad moral y ética para gobernar hasta en la democracia burguesa de la peor ralea.
A los pueblos y l@s
trabajador@s de Chile, a los explotados y marginados, nos asiste todo el
derecho de rebelarnos en contra de un sistema de dominación y explotación que
se desarrolla y reproduce sobre una extrema desigualdad social y cuyos
aprovechadores y sostenedores exhiben un 0 en honestidad e integridad.
En lo más actual,
por supuesto que los condenados de estas tierras contamos con toda la moral y
la razón para negarnos a aceptar las retorcidas reformas gubernamentales,
hechas a espaldas de las grandes mayorías nacionales y que son la base de la labor
de zapa con que la NM pretende ajustar aún más nuestra formación para los fines
del gran capital, nacional y extranjero. Porque, ¿qué otra cosa persiguen las
modificaciones en educación, tributación y relaciones laborales, sino
privatizar y mercantilizar aún más a las personas y los recursos del país? Prometer
que vamos a reducir la desigualdad sin alterar el modelo económico es una
utopía aquí y en Marte, y si la NM nos quiere vender sus reformas sobre tal
engaño, bueno, estamos obligados a desvelar sus intenciones últimas frente a
toda la comunidad nacional.
Si bien es cierto
que en los tiempos corrientes no existe un monolítico y extendido movimiento popular chileno (no siendo efectivo que el rasero para definir su existencia ‘pura’
y acabada sea sólo la presencia de una/s vanguardia/s), sus expresiones
sectoriales mantienen un carácter rupturista en su relación con las fuerzas
sostenedoras del sistema de dominación y son portadoras de un ethos con un gran potencial revolucionario.
Trabajadores, estudiantes, pobladores y Mapuche avanzan hace rato en la
construcción de una alternativa popular a la crisis de los de abajo, a través
de varias iniciativas que no son contradictorias entre sí y que en algún
momento, dependiendo de la voluntad real unitaria tributada por los sujetos
revolucionarios y del respeto por los proyectos que cada cual porte, decantará
en el nodo político-social capaz de integrar, potenciar y dar continuidad a los
esfuerzos de las fuerzas que lo constituyan.
Pero, también
debemos ser claros. Aún nos resta mucho para superar una serie de debilidades y
falencias al interior del movimiento popular. Nos falta politizar aún más las
luchas, todas las luchas; darles mayor contenido y alcance, sumando en la
acción a aquellos menos conscientes y organizados; el mismo tema de la
profundización y extensión de la unidad, sin protagonismos estúpidos y dejando
atrás los sectarismos; fortalecer la confianza y la seguridad en nosotros
mismos y en nuestras fuerzas; en una palabra, hacernos pueblo, unidad y lucha.
¡Que la Historia Nos Aclare el Pensamiento!
¡Sólo la Lucha y la Unidad Nos Harán Libres!
Colectivo
Acción Directa CAD –Chile
Noviembre 10 de 2017
¡Galopa caballo cuatralbo
ResponderEliminarjinete del pueblo
que la tierra es tuya!