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sábado, 16 de diciembre de 2017

LO REITERAMOS: LA UNICA ELECCION DE LA IZQUIERDA ANTICAPITALISTA ES PUEBLO, UNIDAD Y LUCHA


“(La burguesía) En lo sucesivo, está condenada a mantener formas dictatoriales de gobierno y a imposibilitar la instauración de un régimen democrático que permita la libre competencia para retener o alcanzar el poder político…”
- Joan Garcés, uno de los principales asesores del Presidente Salvador Allende, luego del Golpe


Lo acontecido en el plano de la política en lo que va recorrido desde 1990, pero con especial atención desde fines de 2010, pone de manifiesto que el sistema político en curso no es democrático ni representativo de la soberanía popular, y que los diversos gobiernos a lo largo de ésta supuesta democracia ‘recuperada’ no tienen interés en resolver dicha impasse (o ‘crisis de representatividad’, al decir de cierta sociología), ni siquiera en los marcos de una restringida democracia liberal.

Pero, ¿qué es lo que ha permitido a la gran mayoría nacional darse cuenta que ésta democracia no vale un peso, lo que se demuestra en las encuestas de opinión y en la conversación diaria?; sencillo, el movimiento y el sonido de las cadenas que portábamos cuando el movimiento de masas comenzó a agitarse.

La calmada convivencia seudodemocrática de éste país vino a romperse gracias a la gran movilización de los trabajadores del sector público, a fines de 2010, en que a su tradicional petición de aumento salarial unieron también demandas político-sociales. Durante dos meses, se remeció el aparato público producto del paro y las multitudinarias marchas, alcanzando un gran apoyo por parte de la ciudadanía.

Luego vendrían los movimientos sociales territoriales. Estos se abrieron con la arremetida de la población de Punta Arenas, a mediados de enero de 2011, la cual protestó durante toda una semana ante el anuncio de una exagerada alza en el precio del gas (16,8%) y en contra del centralismo. Un año después, en febrero de 2012, saltaría a la palestra la multitudinaria protesta de la comunidad de la región de Aysén, donde son los pescadores artesanales los que encienden la mecha con dos reivindicaciones centrales: rechazo a la nueva ley de pesca (‘Longueira’) y la eliminación del impuesto específico a los combustibles; luego, estas se fundirían con otras demandas. Desde enero de 2012, se harían conocidos los habitantes de la zona sur de la III Región, en especial los de Freirina, por tener problemas con el abastecimiento de agua potable, la instalación de una termoeléctrica en Punta Alcalde, y la gota que rebalsó el vaso fue la instalación de una planta de cerdos de Agrosuper (propiedad de Gonzalo Vial y uno de los 3 monopolios que dominan la agroindustria nacional) que transformó todo en un mierdal, situaciones que hicieron escalar un cuasilevantamiento popular y que finalmente logró que se suspendieran los dos últimos ‘emprendimientos’. En el caso de la planta de cerdos de Freirina, por ella se la jugaron a fondo el DC Jaime Mulet y el PRSD Alberto Robles.

Durante el segundo semestre de 2011 se realizarían dos paros locales en Calama, pero sería a partir de marzo de 2012 que se desplegaría una movilización más constante demandando que parte de las ganancias mineras se quedasen para mejorar las condiciones de la región (Fondenor). A los loínos se les unirían, al poco andar, los atacameños, también por mayores recursos para las comunas mineras y por la descentralización.

También resultó muy enfervorizada y extendida la revuelta que por dos semanas y media, en mayo de 2016, llevaron a cabo las comunidades de la zona norte de la isla de Chiloé y parte de la sur de la Región de Los Lagos. Nuevamente la llevaban los pescadores, quienes logran arrastrar con sus aspiraciones a buena parte de pobladores de la isla, así como a trabajadores de diversos ámbitos a ambos lados del canal de Chacao.     

Llama la atención la organización de todas estas instancias como de ‘Asamblea Ciudadana de NN’, las cuales rehuían una impronta más “política”.        

Un quiebre más intenso de la militarizada paz social vino a darse con la tremenda acometida del movimiento estudiantil de mediados de 2011, el cual aún pervive, aunque con mucho menos masividad y rupturismo.  Claro que no debemos olvidar que éste tuvo su prolegómeno en 2006, cuando se movilizaron sobre todo los estudiantes secundarios; la ‘Revolución Pingüina’, que demostró el enorme potencial de lucha del estudiantado.  

Sin embargo, como dicen los filósofos que saben, todo contiene su contrario.

Así fue como el inmenso movimiento reivindicatorio de los funcionarios públicos, fue como el canto del cisne. Desde entonces, tanto el gobierno de Tatán Piraña como el actual de la Nueva Mayoría (NM), han sabido coartarlo muy bien, mediante ofrecimientos diferenciados y hartas promesas o bien, por la simple aplicación de castigos. Por otro lado, han contado con la infame labor de dirigentes partidarios de la NM o de la derecha, quienes creen hacerlo de puro miedo cuando venden su movilización sectorial a cambio de mantener la paz social (y algunas prebendas para sus personas, como viajes al extranjeros, becas y escalar en la jerarquía de sus respectivas tiendas políticas).

Así también ha ocurrido con los potentes movimientos sociales territoriales o “ciudadanistas”. Los engatusaron con subsidios, morigerando el alza de algunos precios de alimentos y/o servicios, prometiendo futuros -aunque improbables- proyectos de ley que todo lo vendrían a resolver, elevando a algunos próceres a funcionarios del gobierno o al Olimpo del congreso, etc.

La Revolución Pingüina culminó con el binomio en el poder tomándose de las manos y alzándolas con júbilo junto a unos pocos dirigentes secundarios; fue un buen ‘cambiazo’. Al movimiento estudiantil que se agita desde 2011, lo han reprimido, invitado a diversos e insulsos diálogos, mediatizado por los dirigentes pro-Concertación y ahora NM, etc. En suma, la cooptación político-social y la represión han sido la constante en la relación gobiernos mantenedores del sistema-movimientos sociales. 

La Actual Coyuntura

Antes de entrar en materia, aclaremos que la Nueva Mayoría (NM) y la derecha política, conjuntamente con el bloque en el poder, éste último expresión de las clases y fracciones de clase dominantes, constituyen lo que en las sociedades capitalistas, y por ende divididas en clases, se conoce como el bloque político de Estado (BPE).

En lo que va recorrido del año que concluye se puede constatar que se ha ido imponiendo una especie de enmascaramiento de la lucha de clases entre los pueblos y los trabajadores, de una parte, y el BPE, de la otra. Un empantanamiento en términos de las concretas y virtuales prácticas políticas de clase, pero no al nivel de la moral, los principios y la ética sustentados por ambos campos.

Es más que evidente que hoy por hoy existen variados y extendidos sectores sociales activados y movilizados en pos de concretar sus postergadas demandas. No obstante, algunos muestran un mayor desarrollo que otros en cuanto a ese accionar. Así, constatamos destellos entre los estudiantes, secundarios y universitarios; franjas radicalizadas de pobladores y deudores habitacionales; importantes segmentos de trabajadores, públicos y privados; y sobre todo en las comunidades Mapuche en resistencia desde el Biobío hasta la región de Los Lagos. Y el hecho que afirmemos que existe por estos días un soterramiento del combate entre el BPE y el movimiento popular en su conjunto, no significa que éste último esté perdiendo, ni mucho menos. Al contrario, nos parece que los niveles de organización, coordinación y lucha entre los sectores y frentes sociales que llevan adelante una lucha rupturista y consecuente demuestran una mejora cuantitativa respecto de la situación existente un lustro atrás, y cualitativamente superior a la de hace una década.

Nos conmueven de tarde en tarde combates político-sociales de algunos sectores de los pueblos y l@s trabajador@s, a los cuales se suman diversas organizaciones sociales y políticas de izquierda (derechamente, de aquella que no está por la vía electorera), lo que viene a demostrar que el movimiento popular chileno, aunque desmembrado y no muy politizado aún, continúa firme en la lucha.

De otra parte, por más que porfiadamente los sectores izquierdistas que se la juegan por ganar el espacio dejado por el reformismo tradicional (léase PC) se batan en quiméricas lides electoreras, por más que ciudadanistas y nuevas izquierdas apuesten a encantar con cierta estética antes que arriesgar el más escarpado camino de la construcción político-social en la base popular, nuevamente darán con la cabezota contra la pared en las elecciones del 19/11 (aunque no entenderán y luego asegurarán que en la próxima sí que sí), en un escenario en que todo huele al recambio en el gobierno entre las dos fuerzas políticas encargadas de salvaguardar el sistema de dominación de los ricos en Chile.

Podríamos dejar tranquilos a toda esa pléyade de animados candidatos, desde el saltimbanqui ME-O al atrevido –aunque inflexible- Artés, pasando por el amorfo Navarro y el insulso Frente Amplio. El drama para el movimiento popular es que ellos, con toda su tramoya y su pretendido discurso renovador, pero sobre todo por su despliegue de una estrategia política que posterga cualquier enfrentamiento y organización realmente revolucionaria en aras de obtener una quimérica victoria electorera, simplemente no hacen más que postergar las justas y urgentes demandas de los pueblos y l@s trabajador@s, a la par que debilitan la toma de conciencia de vastos sectores del movimiento popular en que sólo la lucha y la unidad los harán libres.

Prueba de lo anterior, lo exhibimos en tono interrogativo: ¿qué pasó con la fogosidad del Movimiento Nacional No+AFP?, ¿en que quedó el fervor del Movimiento Estudiantil?, ¿alguien vio a la gente del FA, de los sectores del MAS, del PRO y otros así organizando y liderando luchas sectoriales y por demandas transversales como Salud, Educación, Vivienda, etc.?  

Con todo y parafraseando el viejo y sabio refrán, debemos reconocer que la izquierda anticapitalista, aquella que no acarrea votantes a las sagradas urnas de los que nos dominan como borregos al corral y que no se pierde por la trillada vía del cretinismo electoral, no hemos sido capaces de reconocer la viga en nuestro propio ojo, pero –eso si- nos extendemos latamente a la hora de criticar la paja en el de los neorreformistas y neosocialdemocratoides. Y somos nosotros los que seguimos anteponiendo parcelas y estólidos baluartes a la necesaria unidad, los que dejamos cancha, tiro y lado al sectarismo, a la desconfianza entre fuerzas amigas, a los personalismos más cavernarios; en suma, los que echamos por la borda las múltiples posibilidades de la lucha y la unidad más decididas, dejando pasar de largo muchas expresiones de lucha y unidad del movimiento popular. 

Para los que luchamos, no resulta para nada extemporáneo el llamado a retornar al seno de la organización popular para construir allí unidad en la lucha: en los sindicatos y en las diversas instancias que el propio devenir del capitalismo nos ha impelido a l@s trabajador@s a levantar; en los centros culturales y deportivos de nuestras poblaciones; en los comités de sin casa y allegados; en las parroquias y grupos religiosos de base; en los centros de alumnos de liceos y universidades; en las juntas de vecinos, en las organizaciones de defensa del medio ambiente y social, etc. Nuestro llamado no puede ser otro que a fortalecer la organización popular, a desplegar el poder de los pueblos y l@s trabajador@s, antagónico –como no- con éste sistema de dominación y explotación. De lo que se trata es en confiar en nosotros, en nuestras propias fuerzas y en el despliegue de nuestro combate.  

Su Moral

Parece que al BPE se le olvida que le son propias y sistemáticas las prácticas del cohecho, las coimas, el soborno, la corrupción, el enriquecimiento ilícito, el tráfico de influencias, el incumplimiento de deberes, la mentira, el lavado de activos, la instigación a las FF.AA. y de orden para que, sin parar mientes, cumplan su rol de fieles guardianes del orden de los ricos, etc. Pero su moral se mantiene incólume, según ellos, por cuanto los medios no importan si el fin, en este caso mantener la institucionalidad, logra salir indemne. Pero cada día va quedando más al descubierto que su maquiavélico proceder sólo oculta fines muy terrenales y muy contradictorios con el respeto de esa gran mayoría nacional que, supuestamente, coloca en manos del estrato político civil la soberanía y a la vez acepta los ingentes niveles de riqueza arrancados por la patronal.

Nuestros politicastros y nuestra burguesía se refocilan hoy en llamados para establecer ‘acuerdos’ que entierren sus negociados y prácticas inmorales, y mientras más amplios sean ellos, tanto mejor. Ya hemos dicho que tal política de pactos se asienta en una orientación política hacia la centro-derecha y, sin duda, busca sumar al conjunto de las clases dominantes para lograr cristalizar un gran acuerdo que asegure las bases del sistema de dominación, relativamente puesto hoy en cuestión por quienes lo sufren.

En medio de su crisis moral y política, la NM y la derecha deben buscar salidas que les den alguna cobertura. Y he allí que el manido cuento de la delincuencia les sirve de amparo. Y lo adecuado para ellos de esa veta, es que sirve hasta para acusar y reprimir a todos los que se atrevan a cuestionar el poder de los de arriba o simplemente exigir sus derechos.
  
El BPE, de más en más, al verse cuestionado por las grandes mayorías y minado por su corrupción indesmentible, tenderá a utilizar no digamos ya la descalificación, demonización y criminalización (en ese orden) de los movimientos sociales, sino que empleará la represión física lisa y llana. Será como en el modelo clásico*: “El ejercicio de la represión física está legitimado en adelante porque se presenta como correspondiente al interés general del pueblo-nación”. Ese bloque político se saca su careta democrática y reimpone, entonces, el concepto original del Estado de clase capitalista que señala que a partir de la luma, la patada, la tortura o el balín se forja el “Estado de derecho”.

Al final, ellos mismos han incumplido con el rol que se autoasignaron con el famoso ‘contrato social’, entre dominadores/dominados. Han quebrantado la fe pública y la confianza de los portadores de la etérea ‘voluntad general’.    

Nuestra Moral, Nuestra Elección

Sin embargo, la más simple -aunque comúnmente no muy evidente- verdad es que el pueblo y los trabajadores no necesitamos de los empresarios y del estrato político civil; no tenemos la obligación moral de acatar ninguna de sus leyes, mandatos, reglamentos, edictos u ordenanzas. No debiésemos obedecer, acatar o aceptar ninguna disposición política y/o ideológica emanada de quienes han perdido toda calidad moral y ética para gobernar hasta en la democracia burguesa de la peor ralea.   

A los pueblos y l@s trabajador@s de Chile, a los explotados y marginados, nos asiste todo el derecho de rebelarnos en contra de un sistema de dominación y explotación que se desarrolla y reproduce sobre una extrema desigualdad social y cuyos aprovechadores y sostenedores exhiben un 0 en honestidad e integridad.

En lo más actual, por supuesto que los condenados de estas tierras contamos con toda la moral y la razón para negarnos a aceptar las retorcidas reformas gubernamentales, hechas a espaldas de las grandes mayorías nacionales y que son la base de la labor de zapa con que la NM pretende ajustar aún más nuestra formación para los fines del gran capital, nacional y extranjero. Porque, ¿qué otra cosa persiguen las modificaciones en educación, tributación y relaciones laborales, sino privatizar y mercantilizar aún más a las personas y los recursos del país? Prometer que vamos a reducir la desigualdad sin alterar el modelo económico es una utopía aquí y en Marte, y si la NM nos quiere vender sus reformas sobre tal engaño, bueno, estamos obligados a desvelar sus intenciones últimas frente a toda la comunidad nacional.    

Si bien es cierto que en los tiempos corrientes no existe un monolítico y extendido movimiento popular chileno (no siendo efectivo que el rasero para definir su existencia ‘pura’ y acabada sea sólo la presencia de una/s vanguardia/s), sus expresiones sectoriales mantienen un carácter rupturista en su relación con las fuerzas sostenedoras del sistema de dominación y son portadoras de un ethos con un gran potencial revolucionario. Trabajadores, estudiantes, pobladores y Mapuche avanzan hace rato en la construcción de una alternativa popular a la crisis de los de abajo, a través de varias iniciativas que no son contradictorias entre sí y que en algún momento, dependiendo de la voluntad real unitaria tributada por los sujetos revolucionarios y del respeto por los proyectos que cada cual porte, decantará en el nodo político-social capaz de integrar, potenciar y dar continuidad a los esfuerzos de las fuerzas que lo constituyan.

Pero, también debemos ser claros. Aún nos resta mucho para superar una serie de debilidades y falencias al interior del movimiento popular. Nos falta politizar aún más las luchas, todas las luchas; darles mayor contenido y alcance, sumando en la acción a aquellos menos conscientes y organizados; el mismo tema de la profundización y extensión de la unidad, sin protagonismos estúpidos y dejando atrás los sectarismos; fortalecer la confianza y la seguridad en nosotros mismos y en nuestras fuerzas; en una palabra, hacernos pueblo, unidad y lucha.


¡Que la Historia Nos Aclare el Pensamiento!
¡Sólo la Lucha y la Unidad Nos Harán Libres!


Colectivo Acción Directa CAD –Chile
Noviembre 10 de 2017

* Nikos Poulantzas, Poder Político y Clases Sociales en el Estado Capitalista. XXXa edición español. México: Editorial Siglo XXI, 2007; p. 293



1 comentario :

  1. ¡Galopa caballo cuatralbo

    jinete del pueblo

    que la tierra es tuya!

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