Y LUEGO DISCUTIR DEMOCRATICAMENTE LA ELIMINACION DIGITAL DE DATOS QUE NO DESEEMOS
El
derecho al olvido tiene implicaciones particulares en América Latina. Frente a
las leyes de amnistía, dictaduras y autoritarismos que han azotado a la región,
la memoria es un aspecto crucial en la reconstrucción de nuestras
Septiembre
9 de 2015
Internet es un
tatuaje. Toda nuestra información, fotografías, comunicaciones, huellas y
sombras quedarán almacenadas de por vida. Si a esto se suma la vigilancia
masiva por parte de gobiernos y empresas, surge una pregunta esencial:
¿deberíamos tener la capacidad legal y técnica para eliminar ciertos datos que
no queremos en internet? ¿Qué implica esto en términos del derecho a la
libertad de expresión y acceso a la información en línea?
Este
es el marco de la discusión sobre el “derecho” al “olvido”, uno de los temas
más complejos a los que nos enfrentamos hoy en día y cuya discusión en América Latina
presenta un factor adicional: frente a Leyes de Amnistía que
perdonaban los delitos de funcionarios y dictadores autoritarios, la memoria
se configura como una antítesis a la impunidad y se convierte en un aspecto
crucial en la reconstrucción de nuestros procesos democráticos.
El
derecho al olvido se define de tres formas: i) un término ficticio cuyo núcleo
es el derecho a acceder, rectificar y cancelar nuestros datos personales que
estén en bases ajenas; ii) obligaciones especiales de eliminación de datos
financieros y penales después de cierto tiempo; iii) la desindexación de
información en buscadores, es decir, que no se elimine la información, sino que
simplemente deje de aparecer en el buscador.
El
tema principal es que no se debe
responsabilizar a empresas como Google y Yahoo por actividades y
expresiones de terceros en su plataforma, pues esto podría generar mecanismos
de censura privada, donde sean ellos quienes deciden qué se queda y qué se va.















