La
jornada de éste viernes 11, así como si nada, se informa que un ministro de la
Corte de Apelaciones de Santiago que investiga la obscura muerte del ex presidente
Eduardo Frei Montalva da la razón a quienes afirmaban que tal deceso fue en
realidad un asesinato, y viene en acusar a un grupo de ex uniformados y algunos
civiles como autores, un cómplice y algunos encubridores. Tal homicidio fue el
puñal por la espalda a quien no tuvo escrúpulos por instigar el Golpe militar
terrorista del 11 de septiembre de 1973
Hace algunos años, una investigación periodística –a cargo de dos connotadas reporteras chilenas- afirmaba
que había dos crímenes de la historia medianamente reciente de nuestro país
hermanados. Eran dos muertes que extendían sus sombras en los tribunales chilenos,
sombras que, supuestamente, amenazaban dos
columnas claves de la “transición” posdictadura: la cívica y la militar. Esto,
si se llegaba a comprobar que los asesinos del químico de la DINA y el DINE Eugenio Berríos, alias “Hermes”, habían sido militares y que se lo ejecutó para
tapar otro asesinato: el del ex presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970).
Bueno, matar a Berríos también había tenido otro objetivo, no menor y que aún
perdura: impedir que emergiera la caja negra del capítulo de la guerra química que
protagonizó uno de los escuadrones más secretos de los servicios de seguridad de
la dictadura cívico-militar (1973-1990).






