Entonces -y como siempre debe ser-, al Movimiento Popular sólo le resta avanzar en la lucha más resuelta y la unidad más amplia tras sus demandas y sus objetivos históricos
Sabíamos de las pésimas prácticas, de las iniquidades e insuficiencias políticas de la Nueva Mayoría
(NM) -devenida ahora en ‘Nueva Minoría’-, trance que se remonta hasta el momento
de su creación, allá por abril de 2013. En todo caso, las cosas fueron de mal
en peor desde su instalación en el ejecutivo, en marzo de 2014, y no hace falta
ser muy perspicaces como para no darse cuenta que la responsabilidad de su descalabro
en la arena de la política ha corrido por cuenta exclusiva de sus propias autoridades,
nacionales y regionales; sus representantes oficiales y oficiosos; sus partidos
y grupitos integrantes, todos los cuales defienden –con mayor o menor ímpetu-
los intereses de los dueños de éste país; su manga de ‘asesores’ y lobbistas,
bien pagados y pragmáticamente enamorados del gran capital; sus think tanks de
‘copy paste’ de las políticas de conspicuas agencias de desarrollo del
capitalismo central; sus dirigentes de rango intermedio y locales, los mismos
que se sirven del clientelismo para ascender en carreras políticas mediante las
que reproducirán el oprobioso sistema de dominación y explotación actual. Todos
los mentados –con honrosas excepciones- y según su nivel de importancia, han
sido mojados por los grupos monopólicos-financieros.
En
la derecha, en tanto, ocurre algo muy similar, sólo que allí las camorras que
la componen no tienen la necesidad acuciante de acceder al ejecutivo y así
defender las bases de un ordenamiento diseñado para servir a los intereses de
la clase dominante, la burguesía, y de entre ella su fracción dominante desde
hace más de cuatro décadas: la Monopólico-Financiera.


