“(…) la ley fundamental de la salud consiste
en que ella es función del nivel de vida en conjunto y de cada uno de sus
componentes: la alimentación, la vivienda, el vestuario, el saneamiento, la
educación, la recreación, la seguridad social, las condiciones del trabajo, la
armonía entre las personas y la atención médica”. Plan de
Salud, Atención Médica y Medicina Social, Chile-1964, del Programa de
Gobierno del candidato Salvador Allende
Paros de funcionarios, renuncias de médicos
y especialistas, suspensión de intervenciones por carencia de anestesiólogos y
equipos, una deuda hospitalaria astronómica, etc. De ello se habla y se recalca
todos los días en la prensa oficial, no para bien, sino para despotricar en
contra de la Salud Pública. Pero, ¿qué está pasando en un ámbito tan sensible
para millones de chilenos? Tan sensible, como que en la última encuesta CEP,
dada a conocer a principios de este mes,[1] los
encuestados creen que los derechos en una democracia pasan por tener salud al alcance de todos como una
primera opción, con un 86% (seguido por un nivel de vida adecuado, 79%; autoridades
públicas que respeten y protejan los derechos de las minorías, 73%; un Estado
que respete los derechos democráticos a todo evento, 67%; entre otras).
Si
hablamos de SALUD, debemos anotar que la OMS nos dice que ella no sólo implica que
las personas no estén enfermas, sino que corresponde a su completo bienestar en
los planos físico, mental, social y cuando ellas están en armonía con su medio
ambiente. La misma OMS, en su Conferencia Internacional de Atención Primaria de
Alma-Ata, 1978, cuyo ampuloso y no realizado lema era: “Salud Para Todos para el 2000”,
declaraba que: “la salud es un derecho
humano fundamental y la consecución del nivel de salud más alto posible es un
objetivo social prioritario”. Veamos que dice nuestra realidad nacional.
Chile
registra la 2ª mayor tasa de suicidio adolescente a nivel mundial y un record
en depresión, pero, a despecho de ello, la OMS señala que aquí se destina un
bajo porcentaje del presupuesto total a los programas de salud mental en el
sector público y los psiquiatras que laboran en el sector público son una
rareza;[2] disminuyen
los niños menores de 5 años y aumentan los adultos mayores de 60, lo que
implica la necesidad de aumentar progresivamente el gasto público en salud a
causa de la progresión de los daños naturales y por las afecciones crónicas
asociadas; los problemas de salud se hacen más complejos, con aumento de las
enfermedades crónicas, cánceres y mentales; desde 1990, han aumentado en 13,6%
los beneficiarios de FONASA, llegando a cubrir en la actualidad nada menos que
a un 82% de la población;[3] en 2010,
comparados con los promedios de OCDE, dedicamos el 8% del PIB a gasto en salud
(en Cuba es el 12%),[4] lo que
aparece algo bajo el 9,5% de dicha organización, pero si ese gasto lo vemos por
persona, Chile apenas alcanza a US$ 1.202, mientras que éste fue de US$ 3.268
OCDE; sobre el aporte público al gasto total en salud, Chile es el 3º peor, con
sólo 48,2%, frente a 72,2% OCDE; tenemos 1,4 médicos/1000 habitantes (en Cuba
son 6)[5], contra
3,1 OCDE; 1,5 enfermeras/1000, contra 8,7 OCDE; camas en hospital para cuidados
curativos 1,8/1000, contra 3,4 OCDE; contamos con apenas 2 camas de
hospital/1000 habitantes,[6] por
debajo de Namibia, Zimbabue o Tonga; el número de resonadores magnéticos es tres
veces menor que el de la OCDE y el de tomógrafos es menos de la mitad; un
sistema de salud público desmembrado y pauperizado, con personal insuficiente y
el cual realiza sus acciones en condiciones laborales desmedradas. No obstante,
este sombrío cuadro se debe considerar con la realidad de la SALUD en el
conjunto de las naciones dominadas del sistema capitalista mundial, campo aquel
al cual estamos asignados. Así, en la declaración final de la Conferencia
Internacional sobre Salud para el Desarrollo, de 2007, se lee: “A casi 30 años de Alma Ata, la situación de
salud de gran parte de la humanidad es deplorable y (ésta) no goza de una atención
de salud integral, equitativa o ni siquiera básica”.










