“¿El TTIP amenaza a la
democracia? ¿Y el CETA? Otro tratado comercial que ya se ha firmado…”
Por Nick Dearden*
Mientras las grandes
potencias se reunían en Japón
la semana pasada en la cumbre del G-7, toda una serie de ingentes acuerdos
de comercio recibía ataques por todas partes. Y con todo, de Donald Trump a
Jeremy Corbyn, se admite que el “comercio” se ha convertido en poco más que un
sinónimo de que las grandes empresas se hacen con un mayor control de la
sociedad.
El
convenio EE.UU.-Europa
del TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership, Acuerdo
Transatlántico de Asociación Comercial e Inversiones) es el más conocido de
estos acuerdos comerciales “de nueva generación” y ha dado alas a todo un
movimiento. Más de tres millones de europeos han firmado la mayor petición
contra el TTIP, mientras que 250.000 alemanes salieron a la calle en Berlín el
pasado otoño para hacer caer este acuerdo. Un nuevo sondeo de opinión muestra
que solo el 18% de los norteamericanos y el 17% de los alemanes apoyan el TTIP,
cuando hace sólo dos años las cifras eran del 53% y el 55% respectivamente.
Pero
el TTIP no está solo. Su hermano pequeño, el acuerdo entre la UE y Canadá,
recibe el nombre de CETA (Acuerdo Económico y Comercial Integral). El CETA es
tan peligroso como el TTIP; en realidad, se halla a la vanguardia de los
acuerdos del género del TTIP, debido a
que ya lo han firmado la Comisión Europea y el gobierno canadiense. Se espera
su ratificación en los próximos doce meses.
Lo
único positivo del CETA es que ya se ha firmado y eso significa que se nos
permite verlo. Sus 1.500 páginas nos demuestran que supone una amenaza no sólo
para nuestra normativa alimentaria sino también para la batalla contra el
cambio climático, para nuestra capacidad de regular los grandes bancos con el
fin de impedir otro derrumbe y nuestro poder a la hora de renacionalizar
industrias.

