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viernes, 6 de diciembre de 2013

CARLOS SANDOVAL AMBIADO: SENSACIONES Y PERCEPCIONES DE UNA JUSTA ELECTORAL.



SENSACIONES Y PERCEPCIONES DE UNA JUSTA ELECTORAL

Carlos Sandoval Ambiado[1]
Notas necesarias.
Una vez apagado el cansino conteo de votos y las autoproclamaciones de triunfo, fue creciendo una sensación de pánico en los dirigentes políticos: la abstención superaba el cincuenta por ciento. O sea, más de la mitad de los chilenos, por distintas razones, no quisieron ir a sufragar en las últimas elecciones. El indiscutible triunfador del torneo electoral fue el abstencionismo y este hecho no deja de tener repercusiones políticas aun no lo suficientemente dimensionadas y menos identificadas. Los alegres pronósticos de los inquietos por la “cosa” política, incluyendo a expertos electorales, terminaron ruborizando a sus progenitores u obligándolos a elaborar estrafalarias teorías. Pasada la vergüenza, afloró la preocupación y se empezó a diseñar una estrategia que permita invisibilizar el rechazo al sistema, morigerarlo o derechamente esconderlo bajo la alfombra de una nueva legislación electoral. Independiente del camino que escoja la elite política, los resultados de la justa electoral son, desde nuestra mira, pequeñas signos de un nuevo escenario político.
Así, por ejemplo, vemos que la “Nueva Mayoría” no logró su objetivo. La meta fue ganar en primera vuelta porque la investía de legitimidad y aseguraba gobernabilidad razonablemente aceptable. La larguísima campaña de la ex presidenta y el alocado quehacer de la derecha, hicieron suponer un éxito rápido y contundente. No obstante ello no ocurrió obligando al balotaje cuyo resultado, de todas formas, será mejor (en términos relativos) para la derecha[2], pero en un contexto de igual o mayor abstención. Este escenario constituye un desafío político de futuro para este segundo gobierno bacheleteano y primero del neomayorismo.
A su vez, las elecciones dejaron a la derecha en una posición más o menos inconfortable. En las Parlamentarias, especialmente la UDI, perdió terreno. Este hecho se agravó con las apuestas de poder que hicieron los udis al ingresar sus cuadros más destacados al gobierno piñerista. Esta decisión le costará caro en el proceso de recomposición.
Asimismo, la izquierda electoralmente dispersa también vivió un fracaso que debiera ser entendido como un desafío. Está claro que todos los sectores, de consuno, no superaron el 10% de la votación nacional. Lo que revela la escasa sintonía con los electores convocados, hecho que provoca una profunda revisión, reflexión y construcción política.
En esta ocasión buscamos entender el proceso actual, sus proyecciones y las posibilidades de construir fuerza social de cambio en los próximos años. Lo haremos dando por descontado que la Nueva Mayoría”, rubricará su triunfo electoral en las parlamentarias, con un definitivo éxito en la 2ª vuelta de las presidenciales. No incluimos una mirada al movimiento social, sectorial y territorial porque amerita un trabajo reflexivo mayor y distinto al aquí utilizado.
“Nueva Mayoría” ¿be or not to be that is the question?
La “Nueva Mayoría” para ser tal y tenga un mínimo de credibilidad, debe cumplir con los cambios prometidos. No obstante no será tarea fácil. Por el contrario, son varios los obstáculos que debería sortear o absorber. La sola composición del bloque nos entrega un horizonte complicado para esta herramienta política. Los temas a discutir intensificarían sus dificultades para el entendimiento interno. En términos de composición y caminando de lo particular a lo general para el PC, de no mediar golpes de timón y disciplinamiento, el parlamentarismo púber querrá no tragarse sus palabras prometedoras (como lo hizo en las 1ª y 2ª vuelta presidencial) de cambios estructurales.
Camila Vallejos (imagen del parlamentarismo mozo) sorteó elegante e impávidamente el sumarse al desfile “neomayorista”. Pero, para ella y para los otros dos parlamentarios electos (Cariola y Núñez) será complicado explicar las trabas al cumplimiento de las promesas desde instancias de poder (¿?) como el Parlamento. Les será aun más complejo si el PC asume responsabilidades de gobierno. La opción de ser gobierno no está plenamente cristalizada para los comunistas. Entre todas las alternativas: ocupar cargos de relevancia, cargos de “segunda línea” y quedar fuera con “apoyo crítico”, lo probable sea que accedan a la segunda alternativa porque les permitirá aplicar su política de “skater” (un pié en la calle y el otro en la institucionalidad) sin incomodar a sus socios democratacristianos y (a su vez) inserto en los movimientos sociales. En este último aspecto serán dos los nichos dónde se moverá con relativa comodidad: la CUT y el Colegio de Profesores. Las Federaciones estudiantiles, como ha sido hasta hoy, le serán renuentes. Más cuando dos de las más importantes Federaciones están manos de la izquierda no comunista.
Asimismo, en el PS no existe una sola idea de navegación. La confusión llega a ser atolondrada. Varios senadores y diputados confunden Asamblea Constituyente[3] con “nueva” Constitución, no reparando que una es un procedimiento y la otra es el resultado de éste. Más compleja es la situación del PS cuando desaparece el socialismo-concertacionista con la derrota de Camilo Escalona y no emerge con claridad una propuesta aglutinadora a pesar de los esfuerzos de Andrade. Probablemente sea Carlos Montes quien asuma un papel motorizador en el socialismo chileno. Por su historia, Montes, se supone que tendrá preocupación por los temas más álgidos como son la gratuidad de la educación y por consiguiente la reforma a los tributos.
Para el PPD la elección de Bachelet (como candidata y presidenta) parece resolver la parafílica contradicción de “autocomplacientes” v/s “autoflagelantes”. Al menos así lo cree el caciquismo girardista. Existen varios hechos que le permiten abrigar esta creencia. Así, por ejemplo, el nuevo bloque político incorpora otras fuerzas políticas (PC) y re-apaña a algunos disidentes: MAS (Navarro) e IC (Aguiló). Se logra éxito en las primarias tanto en convocatoria y como en candidatura. Se estructura un programa elástico y gradual, y; se logra una mayoría parlamentaria. Todos estos factores de consuno permitirían rellenar los baches o incumplimiento del primer gobierno bacheletista[4].  Este segmento partidista-pepedístas pareciera estar dispuesto a usar las mayorías parlamentarias y la movilización social.
Asimismo (con matices) piensa la embrionaria corriente neolaguista encabezada por Harboe en el Parlamento y Tohá en la territorialidad municipalista. Su táctica coaccionar a un sector derechista para sumarse a los cambios o desnudarse como continuistas del pinochetismo. Pero, al igual que en la DC, como partido no se vislumbra que pretenda soberanizar el camino hacia una nueva Constitución. A lo máximo que accedería sería a darle un papel sancionador al Parlamento respecto de las construcciones políticas soberanas[5].
A su vez la DC, probablemente tan golpeada como la UDI, aunque con éxitos menores en las diputacionales, cruzada por históricas tensiones (Walker versus Pizarro) y (por primera vez) en equilibrio de fuerzas con sus aliados PPD y PS, deberá redoblar esfuerzos por instalar sus ideas y plazos en el proceso bacheletista.
Los democratacristianos, además, ven deteriorada su gravitación porque carece de una fuerza social organizada. La DC no posee o tiene muy poca presencia en organizaciones sociales y gremiales como fue durante el gobierno de la Unidad Popular y en el período dictatorial. En la CUT, en el Colegio de Profesores, en las Asociaciones Gremiales Profesionales, en los grandes sindicatos y en las organizaciones sociales territoriales está tremendamente disminuida la representación democratacristiana. Este es un factor negativo para cualquier proyecto de recomposición política. Probablemente el plan de Walker (en la perspectiva del 2020) será recuperar los espacios sociales intermedios.
Mientras tanto tratará, pensamos, de manejar los equilibrios internos con exigencias y negociaciones políticas. Lo hará tendiendo puentes hacia RN y presionando por trancar paso a las propuestas de cambios, especialmente las referidas a los tributos y a educación. Los cambios políticos (léase nueva Constitución) tratará de amarrarlos al procedimiento, optando por el camino institucional y gradual. Difícilmente accederá a soberanizar el camino a una nueva constitución; muy por el contrario, tratará de sobrevalorar la institucionalidad, relativizando que ésta deriva de una Carta Política espuria en su origen, forma y fondo. Para bregar hacia estos objetivos exhibirá logros recientes como el avance de acuerdo con RN por terminar con el binominal y trayendo al presente el pretérito concepto de “en la medida de lo posible” que viene, en definitiva, a relativizar las fuerzas propias al prurito de cambios con orden y estabilidad institucional.
La derecha: entre el continuismo y la propuesta renovadora.
Tampoco es un bloque consistente y con hegemonía clara. Su derrota electoral la fraguó mucho antes de abrirse las urnas. Y de éste percance no podrá salir rápidamente. Dos son las causas: una, la derrota electoral y, los aires de renovación (aggiornamiento) que se está reclamando.
La derrota electoral (presidencial y parlamentaria) reduce a la ultraderecha a su expresión más pequeña en los últimos 20 años. Si consideramos el universo de chilenos y chilenas con derecho a sufragar, la votación obtenida en la presidencial no superó 13%. Asimismo, en el mundo parlamentario se redujo su representación bordeando los quórum constitucionales. El golpe más duro lo recibió el coronelismo de la UDI. Para muchos udis los responsables son Coloma y Novoa del fracaso en las parlamentaria y presidenciales respectivamente.
Esta debilidad relativa se acrecienta con la presencia de aviesos y discordes, como son los casos de Bianchi y Horvath. Esto no lleva a creer en una debacle derechista. Aun dispone de varios caminos y dendritas políticas que le permitirían llegar a otros campos y construir alianzas. Una de esas dendritas es el sector maquillador de RN (Larraín, Desbordes, Ossandón, Allamand) cuyo objetivo sería re-editar un “Acuerdo Nacional 2.0” e iniciar una segunda transición pactada. Para ello cree contar con un factor no menor: el aggiornamiento ideológico de sectores del neomayorismo. Las áreas de acuerdo serían la reforma electoral (institucional) la educación (mantención de tres áreas) y la subsiaridad del Estado con la consiguiente preeminencia del mercado. Un escenario así satisface al abanico factico: empresariado, iglesia, militares y capital financiero.
Un aliado de proyección para este sector, es la corriente renovadora de la derecha. Hace algunos años la emergencia de EVOPOLI habría sido inimaginable. Esta retazo derechista se caracteriza por su frescura política, es decir sin historia con el pinochetismo. El eje ideológico lo constituye su propuesta (gruesa) de darle preeminencia a la sociedad por sobre el mercado y (obviamente) el Estado. Instalar una sociedad empoderada para superar la brutal inequidad del mercado desbocado que invoca el liberalismo tatcheriano de Jovino Novoa y sus “coroneles”.
Empoderamiento social” que se lograría rechazando los abusos mercantiles. Para ello ofertaran mejoras técnicas de las instancias estatales de denuncia y supervisión: SERNAC, Superintendencias de todo orden; uso de Ley de Transparencia; etc. Se buscará crear un ciudadano-consumidor cuya razón de ser, su ethos, sería ocupar el Estado para mejorar posiciones de negociación en el mercado. La educación se mejoraría (¿?) con más injerencia de la familia; la salud mejoraría (¿?) con más incidencia del usuario. Dicho de forma distinta la propuesta de la nueva derecha apunta a intensificar el individualismo (“mis problemas los resuelvo yo”) y contrarrestar aun más el pilar de una sociedad como es la solidaridad y la asociatividad.
La pérdida del gobierno hará (hace) que las presiones internas por reacomodar y reorientar al bloque se intensifiquen. Muestra de este fenómeno fue la recomposición del Comando Presidencial de Matthei, lo que implicó el desplazamiento (¿o paso a retiro?) de Joaquín Lavín. Estos nuevos rostros, que poco tienen de común con EVOPOLI, aun carecen de propuesta política renovadora; pero gusta practicar fisicoculturismo de la política, como forma de llegar a la gente.
Resumiendo, la derecha ha sufrido un desgaste histórico en su oferta neoliberal de acumulación y dominación. La ventaja comparativa que del binominal está agotándose o, al menos, se mueve pendularmente a favor de unos u otros, pero en ningún caso favoreciendo el desarrollo de la democracia política. Las nuevas generaciones derechistas lo saben y buscan (buscaran) generar nuevas condiciones para una recomposición. Probablemente este nuevo escenario se construirá con territorialidad y sectorialidad. Vale decir colocando atención en los gobiernos locales y asociaciones gremiales vinculadas o dependientes del Estado.
La izquierda electoralmente dispersa.
La derrota de la izquierda dispersa fue aún más contundente. Claramente este fracaso electoral es más mayor que el sufrido por los neomayoristas y la derecha continuista. Y es así por varias razones. Una de ellas es cuantitativa porque no obtuvo (de consuno) un guarismo de dos dígitos. Y, cualitativamente no proyecta (aún) puentes para un proceso de alianzas y de unidad. Las causas de este fenómeno son también múltiples.
Creemos que este sector carece de proyecto político unificador, que posea propuestas tangibles para el electorado que pretende cautivar y que se localiza en el 52% no sufragante. Más allá de las supuestas o reales conversaciones que se hubiesen realizado, lo que quedó para el análisis fue que ningún sector estuvo dispuesto a concretar unidad. Y este fenómeno, pensamos, se debe a la ausencia de una discusión programática en la que se descubran factores básicos de convergencia; pero que, además, hagan sentido con la llanura social.  Hace sentido una propuesta cuando ésta no sólo niega o rechaza el actual orden, sino también cuando ofrece un camino alternativo.
Otra enseñanza del proceso electoral es la inviabilidad de constituir unidad, programa y proyecto, basándose exclusivamente en liderazgos unipersonales que se terminan confundiendo con modestísimos caudillismos. Son éstas situaciones las que conspiran decididamente contra la generación de un programa político de proyección histórica. Lo demandante hoy (fruto de la diversidad) es la construcción colectiva en el ámbito social, sectorial y territorial. En esta especie de larga marcha será que surjan los legítimos y, por tanto, convocantes. Y, creemos, que debiera ser este el camino a seguir, independiente de todas las tentaciones (a veces legítimas otras no) electorales.


[1] Profesor y Doctor en Historia.
[2] Obviamente que a dos bandas y sobre la base de los votos válidamente emitidos la candidata derechista superará el magro 25% obtenido en la 1ª vuelta.
[3] Pensamos necesario reflexionar respecto del concepto “Asamblea Constituyente” entendida como procedimiento y avanzar en los contenidos que debieran allí discutirse. Ausentarse de este espacio es riesgoso para construir fuerza social de transformación.

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