Tomas de establecimientos, ministerios y
seremis, paros, marchas, asambleas, discusión y mucho ánimo unitario y
combativo
El período, respecto de la lucha librada por los
estudiantes, en particular, y por todos aquellos que están por una Educación
Pública gratuita y de calidad al servicio del pueblo, en general, está cruzado
por varios hechos y factores.
De una parte, el
movimiento estudiantil se muestra relativamente desunido, con un sector
proclive a la reforma educativa gubernamental aunque con algunos reparos
(CONES, varias federaciones universitarias, NAU, juventudes/colectivos adictos
a la Nueva Mayoría -NM); otro, mayoritario, que pugna por participar y ser oído
en el proceso de discusión de esa reforma, esperando vanamente incidir allí con
sus propuestas (grueso de la CONFECH, Izquierda Autónoma, algunos comités
locales de la UNE); y un tercero, relativamente menor que el anterior, pero más
consciente y combativo, con dirigencias que agitan las asambleas y que logran
conducir la movilización callejera, que lucha por unir a amplios sectores
sociales de avanzada tras una propuesta educativa propia (ACES, Cordones de
secundarios, algunas federaciones, Vamos Construyendo y otros colectivos).
Acompañando a esos tres sectores, podemos observar a segmentos de características
similares del campo de los docentes y paradocentes.
De otro lado, si
bien la NM se encuentra a la defensiva política, producto del fárrago de
delitos político-tributarios en que han incurrido varias de sus figuras y la
inconsistencia en que ha caído su proyecto político e inclusive su imaginario,
todo lo cual deja en evidencia que ya no puede asegurar la mantención y
administración del sistema de dominación como otrora, igualmente persiste en
llevar adelante su insípida reformita educacional. En ésta senda, logra
empalmar con el primer sector que mencionábamos arriba, mientras que, al
segundo, lo invita a participar en interminables mesas, dando así la imagen que
se está conversando y que todo es muy democrático.
No obstante, un
terrible hecho, el asesinato de los jóvenes Exequiel Borvarán y Diego Guzmán,
vino a marcar una inflexión, tanto en el gallito entre el gobierno y el movimiento
por la educación al servicio de las mayorías nacionales, como al mismo interior
de éste último.
Primero,
el grueso del movimiento estudiantil pasó, en última instancia, a criticar al gobierno
por los crímenes, puesto que ha hecho oídos sordos al clamor de todo el
movimiento social por la educación, lo ha ninguneado, vilipendiado y reprimido,
por lo que si no hubiera sido el cabeza de pistola del Giuseppe, en cualquier
momento pudiese disparar algún agente de las fuerzas de orden, envalentonadas
por la represiva actitud del gobierno hacia éste movimiento. Pero, ¿qué hace el
gobierno en esas circunstancias?: le baja el perfil al asunto y escamotea su
naturaleza política, llegando a aseverar el ‘Mamo’ Aleuy que lo ocurrido en Valparaíso
es un “hecho criminal” y que no tiene “relación con las demandas estudiantiles”.
Y el subsecre de Interior se reúne con los ministros de educación, Nicólas
Eyzaguirre, de Hacienda, Rodrigo Valdés y del Interior, Jorge Burgos junto a la
jefa de gabinete de la presidenta Michelle Bachelet, Ana Lya Uriarte, para para
abordar las medidas desde ‘arriba’ para éste 21 de mayo, en torno al cual existe
preocupación en especial tras el asesinato de los universitarios. “Le hemos
informado al ministro de Educación para que el desarrollo externo sea el
adecuado, considerando que se ha tratado
de darle una connotación al violento asesinato”; es
decir, Aleuy se sigue haciendo el leso.