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sábado, 2 de julio de 2016

AMOR INTERESADO ENTRE EMPRESARIOS Y POLITICASTROS: EL CASO ORPIS


“Jaime Orpis, de senador a peligro para la sociedad”

Por Manuel Salazar S.*
En Rebelión –public. 2/7/16

El desaforado senador Jaime Orpis Bouchon, representante hasta hace poco de la Unión Demócrata Independiente (UDI), fue enviado a la cárcel por una sala de la Corte de Apelaciones tras ser considerado “un peligro para la sociedad”. Orpis (60, senador por Tarapacá) permanece detenido en el anexo penitenciario Capitán Yáber, en Santiago. Es una medida de prisión preventiva mientras siguen investigando su participación en delitos de cohecho, fraude al Fisco y evasión tributaria en uno de los casos de financiamiento irregular de la política descubiertos hace ya casi dos años. La decisión fue tomada en fallo unánime, revocando una medida cautelar de arresto domiciliario total y arraigo nacional.

Orpis habría recibido más de 209 millones de pesos de Corpesca, propiedad del grupo económico Angelini, a cambio de votar en el Senado a favor de los intereses de los industriales pesqueros.

Los casos de corrupción detectados a fines de 2014 y que amenazan seguir extendiéndose han sumido a la política en el desprestigio, como se comprobó en los recientes comicios de primarias municipales donde sólo acudió a votar un 5,5% de los habilitados para hacerlo.

Los escándalos involucran a políticos de todos los sectores e incluso han salpicado a la presidenta Michelle Bachelet, uno de cuyos hijos y su nuera son investigados por irregularidades en negocios inmobiliarios y de asesorías financieras.

Los primeros hilos del financiamiento irregular de la política surgieron en las empresas del grupo económico Penta, cuyos dueños han estado ligados durante años a la UDI, así como en la minera no metálica Soquimich, controlada por Julio Ponce Lerou, ex yerno del dictador Augusto Pinochet, quien gobernó al país entre 1973 y comienzos de 1990.

lunes, 28 de septiembre de 2015

LAS DERECHAS ECONOMICA Y POLITICA PERSISTEN EN SU CAMPAÑA DEL TERROR



“Banco del Estado, La Haya y la victoria de la derecha permanente”

“La derecha permanente de nuestro país –léase los grandes empresarios y El Mercurio– continúa con su campaña del terror en contra de las reformas y en contra del espíritu de nuestros tiempos”

Por Víctor Herrero
Lunes 28 de septiembre 2015

Si uno coloca hoy “bonos millonarios” en Google Chile, encontrará principalmente el caso del Banco del Estado. Pero no los bonos millonarios –en dólares y no pesos chilenos– que reciben los ejecutivos de las grandes empresas chilenas. Por ejemplo, el ex gerente general de Soquimich, Patricio Contesse, recibió en 2014 un bono de 621 millones de pesos. Eso al margen de su remuneración mensual líquida de poco más de 43 millones de pesos.

Que una cajera sindicalizada del banco reciba algo más de 6 millones de pesos, a cambio de aceptar un contrato laboral que no cambiará en tres años, es un escándalo para la derecha. Pero que un ejecutivo de una minera involucrada en delitos tributarios y en un esquema de financiamiento ilegal de la política reciba literalmente cien veces más en un solo año es normal.

El argumento que se ha escuchado una y otra vez en estos días es que ese bono a los trabajadores corresponde a más de 50% de las utilidades del banco, lo que, de haber sucedido en el mundo de la empresa privada, llevaría inmediatamente a la quiebra de la compañía. ¿De verdad? Roberto de Andraca y otros grandes ejecutivos de la CAP llevan varios años auto-pagándose jugosos dividendos, tal vez intuyendo que la otrora mayor empresa de acero del país está a punto de quebrar. Hace unos pocos años, el Grupo El Mercurio anunció a sus empleados que no habría repartición de utilidades porque había sido un año difícil para la industria. Cuando el sindicato descubrió que Agustín Edwards, el dueño del conglomerado medial, se había comprado un helicóptero nuevo a cargo de las ganancias de ese año de la empresa, amenazaron con una huelga. Al final, Edwards echó pie atrás y distribuyó las utilidades correspondientes.

Detrás de todo esto hay una verdad simple, pero que pocos se atreven a verbalizar. En Chile manda el capital, o mejor dicho, los dueños del capital. El resto de la población importa poco. Tal vez nadie haya descrito mejor esta relación asimétrica que el banquero Augusto Matte. “Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible, ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”, afirmó. Lo dijo en una entrevista el año 1892, poco después del derrocamiento del Presidente Manuel José Balmaceda. O sea, en un siglo y medio no hay nada nuevo bajo el sol que brilla sobre Chile.