“La
derecha permanente de nuestro país –léase los grandes empresarios y El
Mercurio– continúa con su campaña del terror en contra de las reformas y en
contra del espíritu de nuestros tiempos”
Por Víctor Herrero
Lunes 28 de septiembre 2015
Si uno coloca hoy “bonos millonarios” en
Google Chile, encontrará principalmente el caso del Banco del Estado. Pero no
los bonos millonarios –en dólares y no pesos chilenos– que reciben los
ejecutivos de las grandes empresas chilenas. Por ejemplo, el ex gerente general
de Soquimich, Patricio Contesse, recibió en 2014 un bono de 621 millones de
pesos. Eso al margen de su remuneración mensual líquida de poco más de 43
millones de pesos.
Que
una cajera sindicalizada del banco reciba algo más de 6 millones de pesos, a
cambio de aceptar un contrato laboral que no cambiará en tres años, es un
escándalo para la derecha. Pero que un ejecutivo de una minera involucrada en
delitos tributarios y en un esquema de financiamiento ilegal de la política
reciba literalmente cien veces más en un solo año es normal.
El
argumento que se ha escuchado una y otra vez en estos días es que ese bono a
los trabajadores corresponde a más de 50% de las utilidades del banco, lo que,
de haber sucedido en el mundo de la empresa privada, llevaría inmediatamente a
la quiebra de la compañía. ¿De verdad? Roberto de Andraca y otros grandes
ejecutivos de la CAP llevan varios años auto-pagándose jugosos dividendos, tal
vez intuyendo que la otrora mayor empresa de acero del país está a punto de
quebrar. Hace unos pocos años, el Grupo El Mercurio anunció a sus empleados que
no habría repartición de utilidades porque había sido un año difícil para la
industria. Cuando el sindicato descubrió que Agustín Edwards, el dueño del
conglomerado medial, se había comprado un helicóptero nuevo a cargo de las
ganancias de ese año de la empresa, amenazaron con una huelga. Al final,
Edwards echó pie atrás y distribuyó las utilidades correspondientes.
Detrás
de todo esto hay una verdad simple, pero que pocos se atreven a verbalizar. En
Chile manda el capital, o mejor dicho, los dueños del capital. El resto de la
población importa poco. Tal vez nadie haya descrito mejor esta relación
asimétrica que el banquero Augusto Matte. “Los dueños de Chile somos nosotros,
los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible,
ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”, afirmó. Lo dijo en una
entrevista el año 1892, poco después del derrocamiento del Presidente Manuel
José Balmaceda. O sea, en un siglo y medio no hay nada nuevo bajo el sol que
brilla sobre Chile.
