Traducción de
“Tipping Point in Ukraine”,
de William Boardman*,
publicado en
Dissident Voice,
01/02/15
A Ucrania la tritura la guerra bajo el alto
al fuego, sin que se avizore un camino hacia la paz
Casi
todo lo referido a Ucrania es turbio y poco fiable en estos días, inclusive
antes que se tome en consideración alguna de las intromisiones por parte de
potencias externas que juegan descuidadamente con sus peones eslavos. Vistos en
sus más oscuras facetas, los acontecimientos de los últimos 20 meses (y de los
pasados 20 años) reflejan una mortal espiral Este-Oeste que se está acelerando,
y de la cual ninguna de las partes comprometidas muestra algún deseo de desengancharse.
La
guerra civil
en el este de Ucrania ha proseguido irregularmente desde septiembre, cuando las
partes firmaron un alto el fuego conocido como el Acuerdo de Minsk. El cese del fuego ha sido a menudo más honrado en
la violación que en la observancia, pero, en general, ha dado lugar a bastante
menos derramamiento de sangre, especialmente entre los civiles, que en los seis
meses anteriores de combates. En la primavera de 2014, el nivel de las muertes
se intensificó, a instancias de los Estados Unidos, cuando el recién instalado
gobierno golpista en Kiev eligió atacar en vez de negociar con las auto-proclamadas
Repúblicas Populares de Donetsk y de Luhansk (ahora se sumó el auto-proclamado
estado federativo de Novorossiya). Hasta
el momento, sólo la República de Osetia del Sur ha reconocido a estas “repúblicas”
ucranianas como países independientes. A su vez, sólo Rusia, Nicaragua,
Venezuela y Nauru reconocen a Osetia del Sur, que declaró su independencia de
Georgia en 1990, pero reafirmada sólo en 2008, con la ayuda de la intervención
rusa.
En
comparación, la muy pequeña República de Kosovo, que
declaró su independencia de Serbia en 2008, rápidamente aseguró su independencia
gracias a la intervención militar norteamericana y de la OTAN, demostrándose
con ello la política de doble rasero aplicada por la comunidad internacional a
las cuestiones de la "integridad territorial" y de la "soberanía".
La sin litoral Kosovo, con una población cercana a los 1,8 millones de
personas, es ahora reconocida por 108 países miembros de las Naciones Unidas,
incluyendo los EE.UU., Canadá, la mayor parte de Europa, Arabia Saudita,
Afganistán y Yemen.