A la gran mayoría de Chile no le sirve un gobierno
mediocre y entregado al gran capital
Este viernes, Bachelet nos informó que hasta
aquí no más llegamos con las promesas
reformistas y que en lo porvenir todo dependía del crecimiento económico. En
otras palabras, cualquier gestión que no sea la mera administración del sistema
dependerá del ‘chorreo’; es decir, de los sobras de las ganancias del gran
capital.
En su discurso post consejo de gabinete, Bachelet
dejó claro el quehacer del gobierno de la Nueva Mayoría (NM) para los dos próximos años, los que restan para terminar con la
pésima regencia de estos administradores del oprobio: una lisa y llana
mantención del injusto y discriminador sistema económico-social vigente.
“Dejáremos
cualquier mejora para algún indeterminado momento”, fue el discurso de la ‘socialista’
presidenta luego de 8 horas de tiras y aflojas para que la bajada no sonara tan
fea. De esa forma, chutearon las reformas en educación, relativizando lo
referido a la gratuidad; la laboral, en lo tocante a los pagos por cesantía y
desahucio; los hospitales prometidos bajaron a la mitad y las usureras Isapres seguirán
robando lo mismo; por ahí veremos cómo raspar más la olla, para no tocar la ya
de por sí constreñida reforma tributaria (que según el empresariado y la
derecha política fue la madre de tanto desastre). ¡Ah!, eso sí, quedará plata
para asegurar el aparataje represivo del sistema, más ahora que arreciará la
demanda social y que conviene contar con los elementos para apalear a tanto pedigüeño
impenitente.
Bachelet
habló de cautelar que las familias no se endeuden por motivos educacionales. Sin
embargo, nunca habló de la Educación como un derecho inalienable, así como tampoco
lo hizo en los casos de Salud, Vivienda y Trabajo. Sólo apeló a la posibilidad
de hacer algo “en la medida que tengamos recursos”; bonita estadista es la que
eligió el 25% del electorado[1].
El
mentís oficial a la realización del programa prometido al país en 2013, que fue
lo explicitado en la tarde del viernes, deja muy atrás aquellas vibrantes frases
de Bachelet[2]
dichas la noche de su elección: "Están las condiciones sociales y
políticas, y por fin ahora es el momento de hacer los cambios" y "Si
estoy aquí es porque creemos que el Chile de Todos es necesario. No será fácil,
pero cuándo ha sido fácil cambiar el mundo". Pues bien, si en verdad la NM
hubiera sido consecuente siquiera con su reformista programa, nunca aprovechó esas
condiciones objetivas y subjetivas de cambio, ni fueron capaces de enfrentar a
las derechas política y económica. Al contrario, despilfarraron las esperanzas
y el apoyo de una gran parte de la ciudadanía, y conciliaron en toda la línea
con los enemigos históricos de los pueblos y los trabajadores.
