El mismo día en que una encuesta nacional
muestra que nada menos que el 70% de los chilenos desaprueba al duopolio dominante
en la esfera de la política, se producen sendos encuentros de ellos, motivados
por aportar ‘más democracia y seguridad al país’
No somos devotos de las encuestas de opinión.
No obstante, como las elecciones, sin duda sirven para conocer ciertas tendencias
entre la llamada ‘ciudadanía’. En esta ocasión, los datos arrojados por la
encuesta Adimark,
efectuada durante julio, señalan la peor evaluación de Bachelet desde que se
creó el sondeo. Sin embargo, no es la única: la cueva de Ali Baba del congreso
y las dos coaliciones del duopolio en la política también marcan niveles de
desaprobación superiores al 70%. O sea, la visión crítica de la mayoría
nacional está ‘parejita’.
Según
los encuestadores, durante este mes se vio profundizado el distanciamiento de los
objetivos del gobierno respecto de las aspiraciones y expectativas de la
ciudadanía, tendencia que se observa desde julio de 2014. Entre los temas que
podrían haber originado la alta cifra de desaprobación se encontrarían: el
pésimo y autoritario manejo gubernamental frente al legítimo paro docente
(variadas otras encuestas reflejaron el alto apoyo de la opinión pública que siempre
tuvo éste movimiento); la bajada del restringido programa anunciado durante la
campaña o “realismo sin renuncia”, informado desde el gobierno ese mes; y la
incertidumbre en aspectos del desarrollo económico, causados por la alharaca
levantada por tirios y troyanos respecto a una supuesta ‘crisis horrenda que se
viene’, pero que no pasa de ser una ralentización sistémica temporal que, en
ningún caso, altera las ingentes tasas de ganancia de nuestra burguesía
monopólico-financiera dependiente y de las fracciones subalternas de la gran
burguesía.
La
divergencia absoluta entre el sentir del ciudadano de a pie y el pensamiento de
la Moneda y el congreso, quedó patente cuando Bachelet, durante el mismo mes de
julio, afirmó:
"Chile es un país de políticos
comprometidos y empresarios esforzados"; ¡para el bronce!
Sin
duda, el común de los encuestados quedó desconsolado cuando Bachelet señaló,
hace un mes: “Seguiremos avanzando en gratuidad en la medida que tengamos
recursos”. El pueblo, decía un presidente yanqui, no puede ser todo tonto y
todo el rato, y el nuestro percibió en esa rendición encubierta por causas económicas
unas razones más de fondo: pesaron más bien la pésima conducción y manejo político
(Peñailillo, Insunza, intendentes, seremis), la pesada carga del descrédito y la
inmoralidad que hace rato socava el poco crédito político con que contaban la ‘Gordi’
y la Nueva Mayoría (NM) (Caval, SQM, financiamiento político ilegal) y, lo más
importante, la falta de pantalones de la coalición gubernamental para acabar con
tanta injusticia (en todos los planos y esferas de la formación); con tanto
ladrón de verdad, no pungas, sino que esos que nos roban careraja, legalmente, a
manos llenas y quieren seguir haciéndolo.