HOMENAJE DEL NANCHO A MIGUEL ENRIQUEZ
CUANDO ME ACUERDO DE MIGUEL (*)
Hernán Aguiló M.,
Octubre 2001
Cuando me acuerdo de Miguel, no puedo dejar
de pensar que todo ser humano y en particular los que en algún momento han
participado en la lucha política y social, están recibiendo diariamente los
estímulos de la injusticia que provoca el desarrollo del capitalismo y más
ahora que la globalización de la dominación de las grandes trasnacionales se ha
extendido hasta el último rincón del planeta.
Miguel era un irreconciliable con la
injusticia. Los valores y la práctica de su padre, que siempre puso su
conocimiento y capacidad creadora al servicio de la salud y educación de los
chilenos, sin buscar nunca el lucro, fue sin duda un referente muy positivo en el
desarrollo de Miguel como hombre y revolucionario.
Para ser un irreconciliable con la
injusticia como lo era Miguel, se tenían que enlazar los valores heredados y
aprendidos en su núcleo familiar, su gran sensibilidad social, su enorme
capacidad para comprender y analizar la realidad y su práctica permanente para
transformarla. De ahí nace su consecuencia revolucionaria y su compromiso con
la clase obrera y los pobres de la ciudad y el campo. De la conjunción de estos
elementos se nutre su capacidad de conductor y su compromiso inclaudicable por
una sociedad superior, donde el poder se sustentara en una verdadera democracia
popular.





