“Mis horas con Fidel”
Cuando
entraba en una sala donde le esperaban los personajes más distinguidos e
importantes, lo primero que hacía era saludar a los conserjes, camareros,
traductores o escoltas
Sobre muy pocas
personas podemos hacernos la pregunta de cómo hubiera sido el mundo si no
hubieran existido. Una de ellas es Fidel Castro. Sin él, Cuba no hubiera vivido
esa revolución que acabó con el prostíbulo sangriento en que los dictadores
cubanos y el dinero estadounidense la habían convertido. Sin Fidel, el
socialismo no hubiera sido una esperanza tangible en tantos hombres y mujeres de
América, incluso cuando esa esperanza desapareció en Europa tras la caída de la
URSS. Sin Fidel, y su inspiración a Hugo Chávez, América Latina no hubiera
vivido esta última década de gobiernos progresistas que, por mucho que algunos
se empeñen en criticar, han logrado recuperar la soberanía sobre los recursos
naturales, aliviar la desigualdad social y garantizar el acceso a prestaciones
sociales como educación o salud de los más pobres. Sin Fidel, millones de
personas que sabían que otro mundo podía ser posible, porque lo veían cuando de
verdad conocían Cuba, no lo hubieran imaginado.
Tuve
la oportunidad de reunirme y hablar con Fidel una media docena de ocasiones,
alguna durante varias horas. Ahora no faltarán buenos analistas que desarrollen
y expliquen su pensamiento, su política y su revolución. Yo, por mi parte, creo
que es el momento de limitarme a contar el hombre que yo vi.


