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sábado, 28 de marzo de 2015

EVO MORALES SOLIDARIZA CON EL PUEBLO DEL NORTE CHILENO AFECTADO POR ALUVIONES


"Nosotros compartimos lo poco que tenemos", sentenció

El ministro de defensa boliviano se traslada a Copiapó con 13 toneladas de agua embotellada. Gran gesto éste de los bolivianos, tomando en cuenta que entre ambos países no existen relaciones diplomáticas hace años, luego que se hiciera patente la legítima demanda boliviana por acceso soberano al Pacífico  


El Gobierno boliviano dispuso este sábado el envío de ayuda humanitaria a las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, azoladas por fuertes lluvias y aluviones que -hasta ahora- han dejado diez personas fallecidas y miles de damnificados.

"Estamos a la espera que el gobierno (de Chile) nos confirme qué se necesita en la zona", decía por la mañana Evo Morales. En la tarde, al confirmarse la necesidad de los aportes, se informó que: “El ministro de Defensa (Jorge Ledezma) se traslada a (la población) de Copiapó, Chile, con 13 toneladas de agua embotellada, a nombre del gobierno boliviano, para ayudar a las familias afectadas por las inundaciones en ese país”, señaló el Ministerio de Defensa.

Temprano, hoy sábado, la agencia estatal de noticias ABI había informado que un avión Hércules de la Fuerza Aérea Boliviana se encontraba dispuesto a viajar a Chile con botellones de agua ionizada.

"Es nuestra obligación, de pueblo a pueblo, ayudar a los hermanos que sufren las calamidades que trae el cambio climático", dijo Morales, quien expresó su solidaridad con las víctimas de la lluvia y aluviones.

Cabe recordar que ayer Morales expresó "toda su solidaridad y condolencias al Gobierno y pueblo hermano de Chile por las víctimas fatales, los daños materiales y ambientales de miles de familias como consecuencia de las inundaciones en el norte".

Fuentes: soychile.cl/DPA

Equipo Internacional –CAD CHILE

Marzo 28 de 2015

CATASTROFE EN EL NORTE; UNA VEZ MAS APARECEN LOS POBRES DE CHILE


Lluvias estivales afectan el altiplano frente a Chile y nuestros desiertos y valles se ven colmados por aluviones. Estos desbordan principalmente las hoyas de los ríos que, habitualmente, no portan agua durante el resto del año. Y los más afectados, suelen ser los habitantes de las zonas ribereñas de esos cursos y las comunidades urbanas que se han quedado atrás en el desarrollo desigual de nuestra formación  


Desde el pasado martes 24 empezaron a crecer los cursos de los ríos del Norte Grande y Chico, subsecuentemente al incremento de las lluvias en el altiplano. En unas pocas horas, todo se convirtió en un extenso maremoto que transmutó la árida cara de las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo.

En esta ocasión, al igual como ocurrió con el aviso del NOAA yanqui sobre la ocurrencia de maremoto, en aquel fatídico 27F, no existió ninguna previsión, ni menos acciones, por parte de las autoridades políticas y técnicas (ONEMI) frente a unas lluvias especialmente abundantes que se habían anunciado, previamente, el domingo 22[1]. Ninguna de ellas atendió el oportuno aviso sobre el evento meteorológico anómalo pronosticado,[2] lo que las coloca nuevamente en entredicho y como objeto de acusaciones.    

Tal responsabilidad se ve refrendada por otras fuentes. "Sabíamos lo que iba a ocurrir. El sábado y domingo ya mostraban signos de precipitaciones que fueron las que luego se manifestaron a los 4 o 5 días" y "El servicio meteorológico advirtió sobre este fenómeno". Estas aseveraciones[3] corresponden a René Garreaud, subdirector del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia.

Los aluviones de agua y barro se han saldado, hasta hoy[4], con diez muertos, 19 desaparecidos, 20 heridos, 4.634 damnificados y 5.584 albergados[5], además de cuantiosos daños materiales. La presidenta y los funcionarios de su gobierno se ha volcado a los distintos lugares de mayor importancia administrativa, con una actuación que raya en el exhibicionismo mediático, pero sin atender a las problemáticas de fondo: salud, vivienda, educación, desarrollo económico para las deprimidas comunidades afectadas, etc.  

El motor primigenio del drama actual es el cambio climático, sin duda. Claro que se nos puede decir que la lluvia no es el problema, sino que los aluviones. En esto, concordamos con Garreaud, quien asevera que existe conocimiento sobre el tema a nivel internacional, "pero en Chile, no lo hemos adoptado. Estamos un poco en déficit en ese sentido. Ahí, tenemos mucho que mejorar". Puede ser, pero ello significa que nuestro país debiera avanzar en la investigación científica respecto de sistemas que permitan traducir las lluvias pronosticadas en probabilidades de aluviones. En esa exploración, que debe considerar toda una serie de factores y variables, como las estadísticas de lluvias y temperaturas a lo largo del tiempo, la estratigrafía de las diversos niveles, la forma y comportamiento de los ríos, etc., por cierto que se tienen que invertir muchos más recursos públicos que los miserablemente asignados en la actualidad[6].  

Con todo, lo que nos interesa resaltar es otra arista de la crisis que afecta a las comunidades de nuestro norte. Antes bien, destacar que ese drama no sólo se debe a un exceso de lluvias.