UN REFERÉNDUM POR PENALES
Por
Pablo Stefanoni*
Evo Morales se metió
solo en lo que, desde el comienzo, se veía como la elección más difícil en una
gestión marcada por una sucesión de contundentes triunfos electorales durante
una década. Como si la “abstinencia” electoral resultara insoportable para un líder
que necesita de la continua aprobación de las masas, el presidente boliviano se
lanzó a un referéndum para habilitar precozmente un cuarto mandato, cuando aún
le quedan cuatro años para terminar su tercera gestión. De este modo, el propio
gobierno que la pergeñó, decidió, luego de seis años de aprobada, modificar la
nueva Constitución Política del Estado que puso las bases del Estado
Plurinacional en 2009. La pregunta era: ¿Usted está de acuerdo con la reforma
del artículo 168 de la Constitución Política del Estado para que la presidenta
o presidente y la vicepresidenta o vicepresidente del Estado puedan ser
reelectas o reelectos por dos veces de manera continua?
La
primera dificultad, obvia, de un referéndum de esta naturaleza es que unifica a
todos los oponentes en la opción del No. Desde los racistas que nunca quisieron
un gobierno campesino-indígena hasta quienes critican lo contrario: que no es
un verdadero gobierno indígena sino un sucedáneo de matriz blancoide o
directamente un gobierno antiindígena, la coalición del No permitió la
unificación de un voto que nunca se uniría detrás de una candidatura común. Se
trata de algo natural, que no descalifica sus razones, pero matiza lecturas
que, como suele ocurrir en estos casos, tratan de leer el resultado de manera
unidimensional. Ni Montesquieu resucitó en los Andes, ni todo se trató de la
mano negra del Imperio ni el famoso “Vivir bien” ancestral despertó a las
deidades andinas de las alturas para vengar el “neodesarrollismo” populista de
Evo.
