ESTADOS UNIDOS PONE A PRUEBA EL PODER DEL
TTIP
El
economista alemán Eberhard Hamer presenta en la publicación suiza Zeit Fragen
una faceta raramente mencionada del «Escándalo VW», ampliamente publicitado
desde septiembre de 2015, luego de la denuncia presentada contra el gigante
automovilístico alemán por la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA)
estadounidense y la investigación abierta por el Departamento de Justicia de
Estados Unidos
En Red Voltaire
–Public. 28/02/16
El vicepresidente de
Estados Unidos, Joe Biden, ha comparado con la OTAN eso que los
estadounidenses y sus empresas transnacionales prefieren llamar «Acuerdo de
Libre Comercio» (TTIP) [1].
Este
acuerdo apunta a someter Europa al predominio económico de Estados Unidos
y los intereses de ese país. Consta de una faceta interna y de otra externa:
•
Hace mucho tiempo que la pandilla reunida en Bruselas alrededor de
Jean-Claude Juncker se esfuerza por desmantelar los Estados-Naciones
europeos y por acabar con el poder de sus Parlamentos como medio de
garantizar el poder dominante de la Comisión Europea. Es por esa razón que
el buró político de Bruselas negocia en secreto únicamente con
Estados Unidos, excluyendo a los Estados-Naciones. Esto contradice la
cláusula de subsidiaridad y de soberanía de la Unión Europea. Pero el programa
principal de Juncker es la centralización, aplicada durante la crisis
financiera y partiendo de la unión de la competencia económica, pasando por la
unión de la responsabilidad, y posteriormente del endeudamiento, para llegar a
la unión financiera.
Cuando la Unión Europea intervino recientemente en Polonia contra la destitución de agentes estadounidenses presentes en la radiodifusión nacional polaca, pudo comprobarse que Bruselas no tolera opiniones divergentes de parte de los gobiernos o de los Parlamentos, ni que se limite la influencia de Estados Unidos en Europa.
Cuando la Unión Europea intervino recientemente en Polonia contra la destitución de agentes estadounidenses presentes en la radiodifusión nacional polaca, pudo comprobarse que Bruselas no tolera opiniones divergentes de parte de los gobiernos o de los Parlamentos, ni que se limite la influencia de Estados Unidos en Europa.
