“La Máscara de Isidoro”
Cada día sorprende
menos hasta dónde puede llegar la degradación política de un personaje como
Felipe González, conocido por ser capaz de vender humo teñido de esperanza a
todo un país. Hace decenios que, tanto el “Isidoro” que desde una
militancia plácida y poco arriesgada se opuso al Tardofranquismo, como el “Felipe”
encumbrado a la Presidencia del Gobierno, quedaron amortizados y engullidos por
el ávido “estadista” al servicio del mejor postor -llámese, por ejemplo, Carlos
Slim-, sin problema ético por sentarse en cualquier consejo de administración
de una boyante multinacional.
Hubo
una época en que sus falacias no hacían mella en su rostro porque la sordidez
sólo asomaba en cuchicheos de pasillo, dibujando retratos de Dorian Gray que no
verían la luz más allá de un círculo de iniciados. Los años han dado paso a la
grotesca caricatura de su figura en la cubierta del yate de cualquier
empresario amigo.
Hoy,
dando una vuelta de tuerca, González ha pedido que los militares venezolanos desobedezcan al presidente electo Nicolás Maduro. En román paladín, a ese acto siempre se le ha llamado “Golpe
de Estado”.
