Por
Nelson Villagra Garrido[1]
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los campesinos van
ya va vistiendo de oro
su fronda, el castañal
Madre mía, ay di,
por qué tus ojos, madre,
por qué quieren llorar
Desgraciadamente
solamente recuerdo esos versos... Sin embargo me queda en la memoria su triste
melodía. También he olvidado quién nos enseñó esa canción… La cantábamos en coro.
Seguro que no fue nuestro profesor, don Gerardo González. Es probable que haya
sido algún “normalista”, mientras hacía su práctica con nuestro curso.
Yo
estudié mi “primaria” entre 1943-49, en la Escuela de Aplicación, anexa a la
Escuela Normal de Chillán. En esos años ambas escuelas, la primaria y la de los
“normalistas”, estaban situadas justo en el vértice de la Avenida Collín con la
Avenida Brasil. En la Escuela Normal -fundada a fines del S. XIX- estudiaban
los futuros profesores para primaria.
Mi
escuela, un pabellón de madera de una sola planta -típica construcción pública
post terremoto del 39-, me parecía amplia y práctica. Junto con los pabellones
de la Escuela Normal, ocupábamos un amplio terreno. Un terreno que antes fue un
“fundo” que mi ingrata memoria ha olvidado su nombre.
En
los años de mi infancia, la parte nuclear de Chillán, mi ciudad natal, se
componía de un cuadrado perfecto: 12 cuadras de Este a Oeste, y 12 cuadras de
Sur a Norte. Fuera de este cuadrado estaban lo que se denominaba popularmente
como “las Poblaciones”. Seríamos en aquel entonces entre el Cuadrado y las
Poblaciones, tal vez unos ¿30.000 habitantes…?
Me
resulta tentador seguir recordando el
Chillán de mi infancia, pero esta vez quiero limitarme a mi Escuela.
Mi
profesor, don Gerardo González, era militante del Partido Radical, el de
aquellos tiempos. Un hombre que supo inquietar nuestro espíritu infantil,
guiándonos hasta el umbral de nuestra adolescencia. No tuve el placer de
saludarlo años más tarde para agradecerle esa semilla cultural panorámica que
él sembró en mí, semilla que facilitó tempranamente la revelación de mi
vocación artística.
