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domingo, 6 de noviembre de 2011

CARLOS SANDOVAL AMBIADO: LOS VIENTOS QUE SOPLAN.

LOS VIENTOS QUE SOPLAN

Carlos R. Sandoval Ambiado[1].

Las distorsiones de la clase gobernante o la elite sin brújula
La clase política no tiene la capacidad de responder a las exigencias de la ciudadanía. No se trata sólo que un grupo hubiese perdido el gobierno o que el otro no estuviese preparado para gobernar. El cuadro es más complejo. No hay un proyecto político que resuelva la contradicción de la coyuntura y, por cierto, que asuma los desafíos estratégicos. No obstante en lo inmediato no tenemos, como los últimos años de la dictadura, una oferta política alternativa que seduzca a la ciudadanía.
Esta carencia o debilidad de la elite gobernante se debe --- en los sustantivo --- a su compromiso e identificación con el modelo neoliberal. Y este fenómeno político se debió al aggiornamiento ideológico que desplegaron los partidos políticos de centro e izquierda. Durante la nunca acabada transición democrática, las demandas ciudadanas se contuvieron ya por el chantaje y la extorsión (“hay que cuidar la democracia” fue el alegato) o por la cooptación y/o corrupción. Ambas alternativas se vieron favorecidas por la histórica subsumisión de la llanura social a las orgánicas políticas. Es decir en la permanente funcionalidad de la organización social y popular a los objetivos e intereses partidistas.
¿Qué hace, entonces, aparecer esta “desorientación” de la elite política ante la presión ciudadana? Uno de los factores  más contributivo a este fenómeno es la aspiración autonomista de la organización popular. Y no se trata de ser refractario (solamente) a la línea oficial partidista (a la “orden” de partido) sino  asumir conscientemente que no se necesita la mediación, intervención o conducción desde afuera y desde arriba para resolver los problemas de la gente. Por el contrario es la gente misma la que busca a través de la visibilización, la organización, la movilización y la acción alcanzar los objetivos propuestos. Es decir, es el camino de la ciudanización y no la partidización el que se escoge para la construcción histórico-social. Es por este sendero que se cuestiona el sistema en su totalidad de expresiones: política, económica, socio-cultural e institucional.
El aggiornamiento ideológico, la identidad con el modelo económico y su acomodo a la institucionalidad pinochetista han inhabilitado a las orgánicas partidistas para responder a las demandas ciudadanas del momento. Los unos y los otros (Concertación y Alianza) tratan de tomar iniciativa política  por distintos medios. La Concertación (o lo que queda de ella) trata de asumir caminos de oposición institucional, pero no le da el ancho para realizar una efectiva oposición político-institucional por varias razones. Una porque al interior de ella sobreviven y se superponen rítmicamente dos alientos: quienes tratan de encaramar una oposición constructiva que en la práctica se lee como colaboracionismo a la derecha y; quienes tratan de oponerse afirmándose en el movimiento social-ciudadano. El piso común es que ambas corrientes o espíritus están enmarcados en la institucionalidad vigente y en ella se apertrechan, blindan y defienden. 
Ambos están disponibles para acordar un adecuado funcionamiento de las instituciones (parafraseando a Ricardo Lagos) y de ahí la defensa casi corporativa (por acción u omisión) de aspectos básicos de la arquitectura institucional. Sin perjuicio de lo dicho hay una segunda expresión de defensa corporativa y que da cuenta de la miopía intencionada de la elite política. Se trata de la irrestricta defensa de conceptos políticos que están en franco cuestionamiento. Por ejemplo, la llamada representatividad política que supone la delegación de la soberanía popular. Si nos detenemos en el concepto de delegación veremos que éste significa “mandato”. Es decir alguien que ha sido comisionado para hacer lo que el soberano (el pueblo) le encomienda. No obstante ello no ocurre y esta situación (de facto) es una de las múltiples causas de la deslegitimación de la elite política y del sistema. Los representantes políticos han antepuesto los intereses personales y partidistas a los mandatos del pueblo.
Pero hay más ejemplo. Otro es la irrestricta defensa de la autoridad como elemento consustancial de la estabilidad y fortalecimiento de la democracia. Otra vez la amenaza y el chantaje a la expresión ciudadana se hace presente: hay que cuidar la democracia y por tanto el uso de la fuerza para acallar la demanda se justifica gradualmente. Ya no está Pinochet con sus “boinazos” o “ejercicios de enlaces” para amenazar, no obstante su figura ha sido reemplazada por el “cuidado de las instituciones”. Esto implica dar más importancia a la institución que a las personas, sin detenerse a pensar que debieran estar al servicio de los ciudadanos y ciudadanas. Las instituciones se producen y funcionan por consenso del soberano (el pueblo) y si éste NO está de acuerdo o disiente de su naturaleza, funcionamiento y composición es obligatorio que entre a un cambio profundo.
Así, en breve, pensamos que la elite política ha caído en un terreno de desafección ciudadana de extrema peligrosidad. Y esto se entiende observando su incapacidad para asumir una autocrítica y construir (mancomunadamente con la ciudadanía y los movimientos sociales) una salida a la crisis política e institucional que se está instalando en el país.
Tranquilidad social y superexplotación: ¿objetivo de parte de la clase dominante? No hay que ilusionarse.

Que un grupo de empresarios, aún minoritario, declare abiertamente la necesidad de generar más justicia social y por consiguiente aumentar la carga impositiva a las empresas, no implica una mutación ideológica y ética de los empresarios. Se trata de empresarios “avanzados” en la percepción de riesgos de sus negocios y ganancias. La estabilidad social es fundamental para la inversión, especialmente para la que viene del exterior. Quienes se preocupan de la inestabilidad social están temiendo por las repercusiones que puede tener en el mundo de lo político.
Temen que las reformas exigidas (aún difusas) vayan más allá de lo razonablemente y pongan en riesgo la totalidad del sistema económico y se produzcan (en su opinión) regresiones como las re-nacionalizaciones de riquezas básicas, control estatal del mercado, reglamentación equilibrada del mercado laboral, centralización de la gestión en salud y educación etc. En definitiva un colapso total y absoluto del liberalismo actual.
Quien se oponen (abrumadoramente mayoritarios) son principalmente quienes han transnacionalizado sus negocios y en el marco de los TLC u otros acuerdos económicos han logrado penetrar en economías vecinas aprovechando las ventajas del acuerdo. Por consiguiente si se producen cambios internos, éstos repercutirán necesariamente en la gestión empresarial en aquellos países donde están las inversiones privadas de los empresarios chilenos, toda vez que los mentados pactos económicos exigen reciprocidad. Esta situación, que fue defendida como integración, se ha convertido en una excusa empresarial para evitar o resistir cualquier intento de cambiar levemente las reglas internas que podrían beneficiar a las mayorías nacionales.
Lo mismo ocurre con transformaciones en la reglamentación de las relaciones laborales. Un cambio necesario (y obvio) para fortalecer el mundo sindical como ampliación del derecho a negociación colectiva, huelga sin límites de días ni reemplazo de trabajadores y afiliación obligatoria, repercutiría “encareciendo” la mano de obra (fuerza de trabajo) y ello significaría encarecer el precio del producto y por tanto “perdería” competitividad en el mercado internacional o el empresario exigiría mejores garantías a los Estados vecinos pero ello sería imposible de lograr por la composición y orientación política de sus gobiernos (Perú, Argentina, etc.) A este bloque empresarial pertenecen los grupos Matte, Luksic, Solari, Paulman etc. que son las más importantes fortunas e inversiones del país que están ligadas al retail, la minería, forestal e incluso  pesca.
Esta figura da cuenta de una incipiente contradicción en loa clase dominante. No decimos que es de carácter terminal esta contradicción. Los grupos empresariales están históricamente preparados para resolver sus diferencias internas. Hasta el minuto la  postura de intransigencia empresarial se proyecta en la rigidez y dureza gubernamental frente al arcoíris de demandas ciudadanas.
Es como decir “señores abran paso, que ahora hablan los cañones” para preservar el orden público, la tranquilidad de las calles y la normalidad del país para seguir acumulando riquezas. Y para ello contamos con un Estado dotado de las más variadas herramientas represivas. Mientras esto siga igual, los empresarios no alterarán su ánimo antinacional y antipopular.
Los “techos” de la sectorialidad o la necesidad de avanzar en el proyecto movimientista.

Vivimos un “mayo 68” excesivamente largo. No porque los protagonista de la iniciativa lo deseen sino porque los demandados así lo han determinado. Pero no es la única variable que influye en este escenario. También hay factores inherentes al movimiento que han ido configurando el panorama actual. Para explicarnos esta situación debe recordarse hitos que marcan la historia los conflictos del movimiento estudiantil y sus resoluciones. El mochilazo (2001) tuvo una aspiración esencialmente reivindicativa expresada en la gratuidad del pase escolar. Fue masivo, local (solo en Santiago) espontáneo, breve e inorgánico.  Su resolución fue rápida y eficaz. Absorbida por el Estado en complicidad con los empresarios de la locomoción.
El acuerdo duró cinco años porque el 2006 emergió la revolución Pingüina que combinó aspectos  económicos (gratuidad PSU, pase escolar anula etc.) con factores político-institucionales (cuestionamiento de la LOCE). Fue masivo, nacional, orgánico y para nada exitoso. La reacción no fue sólo desde el Estado (Mineduc) sino de toda la clase política que se concertó para un desvergonzado gatopardismo (resulta histórica y patética la imagen televisiva donde están todos tomados de las manos) Los mecanismos utilizados fueron múltiples: desde la cooptación hasta la negociación de todos los grupos (salvo los estudiantes) involucrados en los negocios educativos. La élite (política y económica) logró colocar y legalizar la idea de lucro en la Educación y vulneró el estatuto docente al terminar con la exclusividad del ejercicio de la profesión al pedagogo (hoy cualquier licenciado puede hacer clases) con lo que flexibilizó el mercado laboral, abarató la mano de obra e intentó debilitar la organización gremial de los profesores.
El año 2011, nuestro largo “mayo 68”, el movimiento estudiantil colocó en la superficie de la discusión aspectos o factores intocados y con ello entra a cuestionar el modelo económico, ideológico, ético y político. Por ejemplo alegar que la educación es un “derecho” social y humano, por tanto debe ser gratuita es contradecir lo que durante las dos o tres últimas décadas se dijo en los altares de la elite gobernante y dominante: que la educación era una mercancía y que debía invertirse en ella; que el problema era individual de responsabilidad familiar y que el Estado sólo cuidaba lo “básico” como subsidiar la empresa educativa. De este cuestionamiento se desprendió una segunda crítica: la ilegitimidad de cobrar por la educación (no al lucro) y quizás fue la que suscitó más consenso social. Estas dos detracciones atrajeron la simpatía abrumadora de la ciudadanía por el movimiento estudiantil[2].
La interpelación que desde el movimiento se hizo a la clase política (oficialismo y oposición) por lo que hizo (engaño a los pingüinos en 2006) y lo que no es capaz de hacer (propuesta GANE del piñerismo - lavinismo) vino en derivar en un potente cuestionamiento no sólo a la clase política, sino a todo el andamiaje político-institucional. Ante esta situación la elite política (oficialista y de oposición) quedó inicialmente perpleja para luego seguir (según su vertiente) diversos caminos: unos se quisieron “colgar” del movimiento; otros intentaron “blindarse” en la institucionalidad; otros clamaron por profundizar “lo técnico-económico”; otros tratan de “combinar” la represión con el diálogo institucional y, una buena parte han aplicado la represión “pura y dura”. ¿Resultado? Un peligroso impasse que podría afectar al movimiento estudiantil y especialmente al embrionario movimiento ciudadano. Este atolladero puede decantar en tres alternativa: (a) una rutinización del movimiento; (b) endurecimiento progresivo del gobierno y; (c) parálisis de la clase política.
Sin perjuicio de las alternativas ya mencionadas, hay que preocuparse del escaso grado de asociatividad sectorial, que ha logrado el movimiento estudiantil. No hay duda que la reivindicación educacional es apoyada mayoritariamente por la ciudadanía. Así lo demuestran la masividad de las marchas y las encuestas. No obstante este apoyo no ha sido suficiente para dar jaque (mate) al gobierno en sus propuestas y en sus opciones políticas. Esta sería una debilidad movimientil. Lo mismo está ocurriendo con otros sectores sociales; por ejemplo en los trabajadores de la salud primaria; en los pescadores artesanales; en los pobladores-deudores; en las incipientes organizaciones sindicales del retail; en los subcontratistas etc. En tanto la conflictualidad se muestre sectorializada, para el gobierno de turno le será de relativa facilidad controlarlo. En la actual coyuntura el mayor aporte en resistencia, en visibilización, en acción y en calidad de la demanda lo ha hecho el estudiantado y, al parecer no habría una ecuación entre el gasto y los logros. Es de extrema riesgo que un movimiento no termine extenuado sin verificar que sus objetivos (aunque sean parcialmente) se hayan logrado. Si así ocurriera la frustración trae consigo el repliegue, profundiza el aislamiento y se abre paso el gatopardismo de las elites.
Es decir de la resistencia (cotidiana) se pasa a la movilización (visibilización, propuesta y acción) que debiera desembocar en el cambio (logro de objetivos propuestos); sin embargo al insistirse en la exclusiva sectorialización se genera un retroceso del movimiento, con el riesgo del estancamiento, situación que dura hasta la emergencia de una nueva oportunidad política (la que no tiene temporalidad acotada)
Este es un fantasma que recorre el escenario político-social. Este es un peligro que acecha al movimiento estudiantil. Para disminuirlo se hace necesario fortalecer las alianzas sectoriales y territoriales. No se trata solamente de montar asambleas (cualquiera que sea su inspiración, si ciudadanas, gremiales o sociales) sino que de ir construyendo plataformas inclusoras de las distintas necesidades, para que cada persona se identifique con la propuesta. Entonces, habría que ir erigiendo la propuesta de cambio, partiendo de lo más frecuente, simple y propio a lo más complejo e intangible. Poca identidad se construye hablando exclusiva o frecuentemente de “cambio de la Constitución”. Es obvio que la gran traba es esta ley, pero al sentido común le cuesta relacionarla con las dificultades en el progreso personal. Entonces el desafío estaría en lograr mejor asociatividad y organización tanto en lo territorial como en lo social.
En una especie de subsidio a la debilidad vista se ha optado por la internacionalización del movimiento. No es nocivo. Ayuda a visibilizar y sensibilizar a la comunidad internacional.  Probablemente implique apoyo material y político para sostener la larga movilización; pero en ningún caso para derrotar políticamente al gobierno en su obstinación a mantener inmutable la situación. La rica experiencia de la lucha internacional contra la dictadura militar así lo demuestra. Ni por muy intensa que fue la defensa internacional de los DD.HH. no impidió que Pinochet los hubiese violado hasta el último día de su gobierno. Ni por mucho que Estados Unidos amenazara al gobierno militar, impidió que Manuel Contreras saliera indemne por el crimen de Orlando Letelier.
El terreno social se fertiliza
Antiguamente se decía que estábamos frente a “un auge del movimiento de masas” para explicar las huelgas, marchas, demandas sectoriales, tomas de instalaciones educacionales, industriales, de terrenos agrícolas o baldíos para reclamar por la vivienda. Hoy no es muy distinto. La fuerza de reclamo, tanto individual como colectivamente, se ve progresivamente creciendo. La conflictualidad social se expresa en diversos focos sociales que van desde los más organizados hasta aquellos de carácter relativamente espontáneos[3]. Se podría aseverar que se configura un escenario de progresiva crispación social cuyas verificaciones son aun inconexas, semi-espontáneas y de escasa convergencia organizativa. No obstante las contradicciones entre el modelo político-económico (y no solo con el gobierno o con la clase política) y los más diversos sectores sociales, no podrán ser resueltas bajo las reglas imperantes. La demanda estrictamente reivindicativa se ve superada gradualmente y se engendra un reclamo de carácter político-sistémico. Ha ido emergiendo y levemente anclando en el sentido común colectivo conceptos que cuestionan la esencia misma del sistema, como el lucro y la legitimidad de la “representación” política. A su vez  se instala crecientemente (casi de uso habitual) la categoría socio-política del ser ciudadano, dejando atrás códigos un tanto excluyentes como proletariado, clase social, burguesía, etc.
Se supone que bajo la lógica del ser ciudadano aumenta la posibilidad de generar más y mejor sinergia en el combate al sistema. Es posible generar caminos de convergencia entre las distintas expresiones del ser ciudadano.  Es decir, generar unidad y acción en el más amplio abanico social abrigada por una organicidad y propuesta única.
Los marcos trizados o fisuras en la institucionalidad.
Para el gobierno el camino social está lleno de socavones y trabas. El sendero institucional no lo está menos. Se sabía que en el Congreso se jugarían equilibrios catastróficos en los que la oposición trataría de presionar en los espacios donde fuera mayoría. Habría mucha estridencia y juego de piernas mediáticas de la Concertación buscando impresionar como oposición dura y madura y desde ese ángulo recuperar al ciudadano-elector. Fue lo ocurrido durante el primer año piñerista. El ejemplo palmario fue la negociación del reajuste para el sector público, situación resuelta por la “guinda” política que colocó el presidente del P.S. el diputado Osvaldo Andrade.
Sin embargo este diseño (del juego político-institucional) se ha visto trastocado por la potente irrupción del movimiento estudiantil y la visibilización del aún incipiente movimiento social y ciudadano. El clásico juego de pierna de la clase política ha sido ineficaz cayendo en una fuerte desorientación inicial para pasar a “colgarse” (la oposición) del movimiento o responderle con “dulce y represión” (el gobierno)
Ambos sectores --- gobierno y oposición --- se reclaman madurez, patriotismo y capacidad política para resolver el problema educacional. Una salida técnica (el GANE) no tuvo mayor réplica de la Concertación, quedándose sólo en la crítica superficial como es argumentar que es insuficiente. El gobierno no ha sido capaz (o no lo quiere) de dar una solución política y sólo mantiene en su propuesta original con pequeños arreglos cosméticos. Quizás lo más audaz fue sacar el problema de La Moneda y llevarlo al Congreso.
Por su parte algunos dirigentes opositores buscan reflejarse en el movimiento estudiantil saliendo a marchar o denunciando la represión. Pero han sido mezquinos en pronunciarse respecto del cambio de paradigma y ello se debe a la identificación relativa que tienen con el modelo educacional (lucro, subvención, propiedad privada, empresa educativa etc.) vigente.
Los unos y los otros, oposición y oficialismo no han tenido uniformidad y coherencia interna para responder ante el problema. El espacio intra-opositor esta tironeado desde diferentes vértices de visión y solución del problema y, además cruzado por los distintos intereses electorales. Visto así difícilmente podrán arribar a una propuesta de cambio. Por el contrario, se sumarán a la solución técnica (y última) que entregará el gobierno. Éste, a su vez, no se moverá de su ángulo y monto técnico-financiero; a lo sumo buscará reasignar montos presupuestarios, dando respuesta a los legisladores oficialistas que asumieron una actitud peticionista.
En definitiva, todas las vertientes políticas desembocarán en la solución técnico-neoliberal. Pero antes de ello, muchos saldrán al ruedo mediático con actitudes histriónicas, altisonantes  e inclaudicables con el objetivo de impresionar a sus nichos electorales que estarían en riesgo.
En lo que si hay un desentendimiento es entre el gobierno y el mundo judicial. No se trata de una salida o exabrupto de un ministro. Es la posición oficial respecto del tema y ello tiene una obvia fuente de origen: la incapacidad gubernamental de cumplir con la promesa absurda de terminar con la delincuencia (“puerta giratoria”).
Así como trasladó el conflicto estudiantil desde La Moneda al Congreso; la intervención pública del Ministro de Justicia buscó trasladar el problema de orden público y delincuencia a los Tribunales de Justicia alegando supuesta permisividad de los jueces y advirtiendo que los criterios judiciales serían antecedentes para la promoción en la carrera profesional. La fragilidad del orden público y el incremento de la delincuencia no serían problemas de origen político, sino de carácter esencialmente judicial. La diferencia estuvo dada por el carácter exquisitamente monolítico y auto-suficiente (fronterizo a la arrogancia) del Poder Judicial. La respuesta de sus integrantes no se dejó esperar, aunque sus dichos iniciales fueron prudentes. Lo que si marcó fuertemente esta disputa fue la reiteración soberbia del Ministro Rivera de que no se arrepentiría “nunca”[4] de sus expresiones. Esta desafortunada, temeraria e irreflexiva actitud hizo reaccionar a la Corte Suprema rechazando públicamente los dichos de Rivera. La gravedad de esta pugna radica en la posibilidad que se lea como una intromisión de un poder en otro, colocando casi al borde de la inconstitucionalidad al gobierno.
Comuna La Florida. Noviembre del 2011.



[1] Profesor, Magister en Educación y Doctor en Historia.
[2] Según las encuestas (Adimark y UDP) oscila entre un 72 y un 80%.
[3] Se sabe que en provincias, especialmente en algunas comunas de la 8va. Región, hubo marchas y caceroleos recogiendo el llamado de la CONFECH.
[4] Entrevista al Ministro de Justicia Teodoro Rivera realizada por Patricia Arancibia. Diario Financiero, 29 de octubre del 2011.

NEGOCIACIÓN DE LA MESA DEL SECTOR PÚBLICO 2011: 10% O MÁS, PERO NADA MENOS.

10% O MÁS, PERO NADA MENOS: POR UN REAJUSTE QUE VELE POR EL DESMEDRADO NIVEL DE VIDA DE MILLONES.  

       
        Ha comenzado la negociación de la Mesa de Negociación del Sector Público.  Esta Mesa está compuesta por nada menos que 14 Organizaciones: Central Unitaria de Trabajadores.  Colegio de Profesores.  ANEF.  Confederación Nacional de Funcionarios Municipales de Chile.  Confederación Nacional de Trabajadores de la Salud.  Federación  Nacional de Funcionarios Técnicos de los Servicios de Salud.  Confederación Nacional de Funcionarios de Salud Municipalizada.  Asociación Nacional de Trabajadores de la Junta Nacional de Jardines Infantiles.  Federación Nacional de Profesionales Universitarios de los Servicios de Salud.  Federación Nacional de Funcionarios de la Subsecretaría de Salud Pública.  Confederación Nacional de Funcionarios de Educación Municipalizada.  Federación Nacional de Funcionarios de la Universidad de Chile.  Federación Nacional de Funcionarios Universidades Estatales de Chile.  Agrupación Nacional de Trabajadores de las Universidades Estatales.
        Esta Mesa, establece como parámetro de su demanda específica de aumento de remuneraciones, el dato objetivo que indica que el crecimiento económico para 2011 se sitúa en un 6,5% y un IPC esperado de 3,9%.  Sin embargo, pese a que la suma de ambos factores supera el 10%, los que negocian sólo están solicitando un reajuste de un 8,9%.  Incluso el Colegio de Profesores, a través de su página en el Internet, está solicitando un reajuste de un 6%.
        Otro argumento de la Mesa, pasa por el fortalecimiento del mercado interno que sería uno de los efectos del aumento salarial.
        Todo indica que el gobierno de turno se la jugará por una campaña del terror, llamando a la austeridad, levantando el cuco de la “crisis internacional”.  Las puertas del palacio presidencial están cerradas desde mayo para los dirigentes de la ANEF, que durante 2010 mantuvo una posición consecuente, a distinción de los dirigentes de la CUT y la nefasta actitud del ex ministro del trabajo, Osvaldo Andrade.  Incluso, el gobierno de turno ya envió un proyecto de ley, en donde sólo se contempla aumentos en gastos de personal por debajo del 6% real, para once de los dieciséis ministerios.
        Sin embargo, el factor que más peso tendría en la actual negociación es la amenaza bastante real del actual gobierno, que en noviembre debe decidir cuáles serán los trabajadores y trabajadoras a contrata que continuarán el próximo año.  Este elemento paralizante, tiene efectos directos en las movilizaciones que son el punto de inflexión ante los gobiernos de la patronal, sea de la concertación o la derecha.  De esa forma, sólo los dirigentes sindicales, que cuentan con fuero y los trabajadores y trabajadoras con contrato indefinido, pueden volcarse a las calles a ejercer presión.
        El capo de hacienda, envió una circular en donde señala que van a existir 4 causas de despido: cambio de perfiles que se requieren en un servicio; los procesos de modernización; cambios de planes y una mala evaluación.  Con los tres primeros elementos, ya pueden despedir a plena voluntad.  Según la ANEF, son 95 mil trabajadores con contrato a plazo fijo y 10 mil a honorarios, los que están a la espera de su ratificación por parte de los gobernantes de turno.
        Con todo, la petición de un aumento del 10% en las remuneraciones (donde los conceptos de real o nominal pierden toda su dimensión, debido a la desastrosa desigualdad de los ingresos, al alza del nivel de vida) no puede ser considerada una política del tejo pasado o una petición desmedida.  Simplemente, ella corresponde a una Demanda que apunta a la defensa de las precarias condiciones de vida a las que nos somete el sistema de dominación capitalista y su dictadura.  Por otro lado, es una señal para el sector privado de los trabajadores y trabajadoras.  Es un indicador potente en donde la unidad y la lucha son factores históricos para conseguir los objetivos históricos en el campo de lo económico y avanzar al nivel de lo político.
        Finalmente, pero no menor, es que la actual negociación de la Mesa del Sector Público, debe contener en sus Demandas no sólo el alza de las remuneraciones, sino que asimismo debe apuntar a ligar sus Demandas con las otras que están presentes con mucha fuerza desde este movilizado año 2011: Renacionalización del cobre, el agua y todos los recursos naturales.  Suprimir las AFP de la dictadura, por una Previsión Solidaria y de Reparto.  Asamblea Popular Constituyente de los Pueblos, los Trabajadores, los Estudiantes, los Explotados.  Educación y Salud, gratuitas, de excelencia y estatales.  Viviendas dignas.  Y todas las Demandas Sociales y Populares.
        Sabemos que en cada una de las Organizaciones de la Mesa, existen dirigentes, trabajadores y trabajadoras, en donde se despliega el carácter anticapitalista.
        Urge el instrumento político-social y Popular que potencie todas las luchas, todos los sueños.
        Sólo la lucha y la Unidad nos harán libres.
        Fraternalmente,
COMANDO POR LOS DERECHOS SOCIALES Y POPULARES.
Noviembre 06 de 2011.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

DOCUMENTO DEL COLECTIVO ACCIÓN DIRECTA PARA ASAMBLEA GENERAL DEL 26 DE NOVIEMBRE DE 2011.


CAD, OCTUBRE DE 2011
APORTES PARA LA ASAMBLEA GENERAL DE CONSTITUCIÓN DE UNREFERENTE POLÍTICO SOCIAL Y POPULAR, 26 noviembre de 2011

COLECTIVO ACCIÓN DIRECTA – CAD, CHILE

No me mata la distancia. No me mata la ausencia de un latido.
Sólo me mata, de muerte definitiva, el olvido
Memorial a Compañeros y Compañeras Detenidos-Desaparecidos en Paine

"Todos no deben individualmente tomar parte en las discusiones y decisiones relacionadas con los asuntos generales del Estado, no todos individualmente, sino los individuos en cuanto todos"
K. Marx


A
 A las Compañeras y Compañeros; a las Hermanas y Hermanos; a las Amigas y Amigos; a los Organizados y a los que luchan por cuenta propia; a los Movilizados y a los que observan; a quienes se estremecen aún frente a la injusticia y la discriminación social y política; a quienes aspiran a un cambio revolucionario de nuestro país; a Todas y a Todos:

El Colectivo Acción Directa –CAD, en vistas a la Asamblea General de constitución de un nuevo referente político-social popular, convocada para el sábado 26 de noviembre por el Comando por los Derechos Sociales y Populares -CDSP, viene en dar a conocer sus visiones frente a esa histórica jornada y a lo que ella representará para las fuerzas populares que combaten por un Chile mejor y en contra de las fuerzas que sostienen el modelo de explotación y dominación.
Antes que todo, debemos agradecer al CDSP por la oportunidad de esta fundamental convocatoria, a la vez que reconocer públicamente la valiente y eficaz labor combativa con que esta instancia ha acometido la coyuntura el último tiempo.
Este amplio llamado, surge en un período de la lucha de clases marcada por el desafío del Movimiento Popular (MP) por elevar sus niveles de lucha y unidad. Consciente o intuitivamente, dicho movimiento y sus organizaciones prevén la necesidad de construir en la práctica el instrumento Político-Social que logre cristalizar esos afanes. Por tanto, no puede ser más pertinente la convocatoria a una Asamblea General de los que luchan, la cual apoyamos franca y decididamente.  




PRIMERAS VISIONES:
La extensión de un sentimiento unitario en amplios contingentes populares, organizados estos o no, debemos cotejarla al calor de un período que se caracteriza por la sensibilización respecto de la necesidad de potenciar los esfuerzos comunes mediante la unidad más amplia, por la percepción entre los que luchan de voluntades semejantes en los demás camaradas en la brecha, por el cumplimiento de los compromisos y por el empeño en avanzar en los programas acordados. Por otro lado, es sólo de parte de los reformistas y de los vacilantes de donde podemos verificar la persistencia de  posiciones de un franco sectarismo y de prácticas de un virulento hegemonismo.  
Son variadas las demostraciones que señalan que al interior del MP existe la madurez suficiente como para dar paso a una mayor unidad entre sus componentes. Por doquier podemos constatar evidencias de cómo la inmensa franja de activos y movilizados se allanan a una ligazón político-orgánica efectiva y que potencie su creciente fuerza. En una palabra, vivimos tiempos propicios para sentar las bases de una instancia Político-Social que muestre un camino, una senda, para el despliegue de formas innovadoras de hacer y de vivir la Política Popular, para la concreción del Poder Popular, aquel basado en las instancias de poder del Pueblo y de los Trabajadores, asentadas en los territorios populares y en los frentes de masas.
Y hablamos de la necesidad entrañable de la Unidad, por cuanto sabemos de la fragmentación, la dispersión, la atomización de las fuerzas sociales y políticas de carácter anticapitalista, que podemos rastrear con claridad desde la segunda derrota reciente del MP chileno, en 1986, todo lo cual ha generado un cúmulo de organizaciones de todo tipo y denominación, las cuales, en su devenir, hacen suya una forma u otra de construcción política. En este plano, debemos consensuar la forma más eficaz para que el instrumento al que convocamos permita a cada organización y a los inorgánicos proseguir con sus trabajos esenciales pero, a la vez, que puedan estos contribuir en la consecución de Objetivos Históricos comunes, que nos hagan avanzar hacia la construcción de una nueva y mejor sociedad, la Socialista, de transición a una fase aún superior de desarrollo de la Humanidad. 
Tenemos conciencia de que han existido otros intentos de agrupación de los que luchan, los cuales, entre otras causas de peso, no pudieron cuajar por no coincidir con un proceso de agitación de la lucha de clases. Sin embargo, la distinción actual, trascendental, es que a diferencia del largo período 1986-2010, hoy existe un amplio abanico de fuerzas sociales pertinentes movilizadas tras potentes y sentidas demandas: las del Movimiento Estudiantil (ME), las del Ecologismo, las del Sindicalismo independiente y de clase, las de los pueblos aborígenes en pie de lucha, las de los allegados y de los sin casa, las de los que reclaman por una reconstrucción que nunca llega, las de los afectados por las ‘modernizaciones urbanas’ y por los proyectos energéticos, las de los estafados por las AFP, por las multitiendas, por las farmacias y por todos los demás monopolios, las de los usuarios de la salud, la educación y el transporte públicos, las de los desfavorecidos por el actual y súper excluyente patrón de acumulación primario-exportador; en fin, asistimos a la confluencia de múltiples impetraciones sociales, con sus correspondientes propuestas sectoriales, que persiguen las transformaciones políticas estructurales y radicales que puedan dar cuenta efectiva a sus necesidades. Muchos y muchas coincidimos en que es el momento de producir la Unidad orgánica más amplia de los anticapitalistas, dotándonos de un instrumento que pueda fundir y articular todas esas aspiraciones y propuestas populares, que pueda brindarles la vital continuidad política en el concierto nacional y potenciándolas mediante la lucha en todos los planos y niveles del enfrentamiento de clases, poniendo de paso coto a la derecha, a la Concertación y a quienes negocian con estos agónicos bloques políticos.
El Coordinador Político-Social al que aspiramos y a cuya construcción invitamos, debe romper con la falsa dicotomía surgida durante la Dictadura militar, reafirmada luego durante los gobiernos de la Concertación y capitalizada por la derecha (peor aún, internalizada y aplicada relativamente por el campo popular), que habla de la interesada separación entre las esferas de lo Político y de lo Social. Nuestro deber es devolverle a la práctica política del Pueblo su esencia revolucionaria, su importancia como motor de cambio y sus verdaderos alcances históricos. A la par, debemos dar el correspondiente peso específico a lo social, a lo sindical, a lo estudiantil, a lo poblacional y a todas las expresiones anticapitalistas, de todos los formatos, colores, estilos, experiencias y saberes, respetando aquellas organizaciones naturales aportadas por la vasta experiencia de lucha del MP. En definitiva, el desafío actual de los que luchan debe ser la construcción de un Instrumento Político-Social nacional, democrático y popular, con vocación de Poder, basado en el contrapoder de los Pueblos y los Trabajadores de Chile, el que se va tejiendo desde lo social a lo político y viceversa, potenciándose dialécticamente ambos componentes de la Fuerza Revolucionaria del Pueblo. Además, el Coordinador no debe ni puede desdeñar apriorísticamente ningún tipo de construcción, pues a estas alturas debiéramos saber que ningún tipo de construcción, por sí misma, nos puede asegurar la Victoria. 
Dependerá sólo de nosotros que la integración de lo Social y de lo Político proporcione un efecto sinérgico, siendo una tarea vital del Coordinador la coordinación entre esos factores, todo lo cual nos permitirá ir instalando una nueva hegemonía, la del Pueblo y de los Trabajadores, oponiendo a la Refundación Social Capitalista, abierta en Chile desde 1975, la Revolución Política y Social Socialista.

LOS ANTECEDENTES RECIENTES:
La movilización de Magallanes, de enero pasado, fue como un rayo en medio de un cielo sereno. Nos volvió a remecer la evidencia de que el proceso de construcción de fuerza social surge detrás de la lucha y la organización por demandas arraigadas en el seno del Pueblo, en que los movilizados enfrentan y cuestionan al Estado delcapital Monopólico-Transnacional (MTcon la fuerza de las mayorías. De hecho, con su lucha, los magallánicos forzaron la primera renuncia de un ministro del gobierno patronal (un objetivo político) y rebajar del 17 a sólo un 3% el alza del gas natural que se les quería imponer (un objetivo económico). Sin embargo, de paso, ese importante movimiento demostró una gran falencia: escasean los sectores de vanguardia, con pie en el movimiento de masas, que puedan conducir la lucha social a niveles superiores y más amplios.
Prosiguió el verano, ardiente sobre todo en la capital, donde se produjeron diversas demostraciones populares en contra del reajuste aplicado a la locomoción colectiva y en las cuales el CDSP jugó un trascendente rol. Luego, el 11 de marzo, el Comando y otras 50 organizaciones convocaron a una Protesta Popular Anticapitalista, aguada relativamente por el supuesto tsunami que traería el terremoto de Japón. Con todo, es igualmente significativa ésta movilización, por ser la primera que levantan sectores de la izquierda consecuente y del Pueblo, los que buscan un camino independiente de superación del dominio del capital en Chile.
El 1° de Mayo de este año se diferenció de todos los anteriores, al menos desde la imposición de la Democracia Gorila en 1990, por cuanto se extendieron las movilizaciones del sindicalismo independiente y de los sectores de trabajadores más conscientes. El 10 de este mes se produce una positiva y potente inflexión en el proceso de movilización popular, cuando decenas de miles de indignados habitantes salen a las calles en diversas ciudades del país a protestar en contra de la aprobación de HidroAysén, prosiguiendo esta oleada popular los días posteriores con muchas y multitudinarias marchas (de hecho, es el inicio del ‘marchismo’, como una impronta del ciclo de movilizaciones en curso).
El ME, aglutinado en torno a las demandas de educación pública gratuita, de calidad y laica, además de financiada por la renacionalización del cobre,  irrumpe resueltamente desde la 2ª quincena de mayo, contando desde un comienzo con una importante dirección de los sectores revolucionarios y recibiendo un inédito apoyo popular y de sectores medios. No obstante, a poco de andar, vienen a competir por lograr orientar a ese movimiento los representantes del reformismo y de los grupos ‘mantenedores del sistema’ (pertenecientes a la Concertación o desgajados de ella).
Vastos sectores del pueblo y de los trabajadores son convocados el 11 de julio, Día de la Dignidad Nacional, a un Paro-Protesta. Este llamado, originado en las fuerzas del CDSP, recibe el potente apoyo de la Confederación de Trabajadores del Cobre (que efectivamente logra la paralización de cerca de 50 mil trabajadores de la gran minería). Finalmente, con algunos escasos sectores de trabajadores paralizados en las grandes ciudades, la jornada deviene en una gran protesta popular en varios territorios populares a lo largo del país.
También durante julio, una verdadera asonada popular es librada por varios días y noches por parte de los pobladores de los diversos campamentos de Dichato, surgidos estos luego del 27-F. La autoridad respondió con una represión policial propia de las fuerzas SS en el gueto de Varsovia, pero, ante la fuerza y decisión de los pobladores, finalmente debió dar respuestas a varias de sus demandas y hasta creó la figura de un coordinador de la incierta ayuda prometida. 
Durante septiembre y octubre, recrudece la represión del Estado sobre las expresiones organizadas y en pie de lucha del Wallmapu, así como sobre los estudiantes de enseñanza media y universitarios movilizados. 
Creemos, al calor de toda esta escalada de irresuelta demanda social-política, que la línea más correcta a seguir por las fuerzas que luchamos por unir a los explotados y marginados es profundizar, al interior del pueblo y en todos los territorios y frentes, el proceso de politización de sus demandas inmediatas y economicistas, encausándolas hacia el plano de los objetivos históricos y rechazando cualquier intento de conciliación o colaboración de clases. Es ante todas estos requerimientos vitales del MP, que varios contingentes venimos en levantar la propuesta de un Coordinador o Instrumento Político-Social, el cual pueda servir de motor de las demandas de las fuerzas populares, a la vez que de nodo de acumulación de la Fuerza Social para la Revolución en Chile. Aspiramos a que este nuevo referente de los y las que luchan dirija los combates en toda la línea en contra de las fuerzas que sustentan el Estado del capital MT.      
                      LOS SUEÑOS Y LAS ASPIRACIONES QUE NOS UNEN:
Sólo como ideas generales, creemos que el Coordinador Político-Social debe orientarse por unos principios básicos, como los siguientes u otros que se puedan acordar entre los asistentes a la primigenia Asamblea del 26/11:

1.- Por el Socialismo y la República Democrática de Trabajadores;
2.- Por la lucha Anticapitalista;
3.- Por la lucha Antiimperialista;
4.- Por la Construcción del Poder Popular y de lucha por el poder político;
5.- Por el Internacionalismo, comenzando por la coordinación continental de las luchas populares;
6.- Por un Desarrollo Humano que proteja el Medio Ambiente y toda forma de vida que él pueda poner en peligro.   
7.- Por la diversidad cultural, étnica y de las diferentes perspectivas de género.

Asimismo, pensamos que el coordinador o Instrumento debe organizarse en torno a un mínimo de siete ejes programáticos, a los cuales se pueden ir incorporando los demás que el colectivo de organizaciones e independientes estimen como necesarios, dentro de los cuales se expresen y potencien las Demandas Sociales y Populares y orientados a la mejor concreción de los objetivos que se propongan:

1.- Por la Renacionalización del cobre y de todas las riquezas mineras;
2.- Por la restitución al Estado de su capacidad productiva, centralmente industrial, orientando el sistema productivo nacional a la resolución de las necesidades internas y promoviendo, a su vez, un plan nacional de creación de empleos;
3.- Por la supresión del sistema de AFP, estableciéndose un sistema que asegure pensiones dignas para todos los trabajadores y trabajadoras;
4.- Por la creación del más amplio Movimiento Social Por Democracia Para Chile, el cual, cuestionando el actual e ilegítimo sistema de dominación de unos pocos sobre muchos, avance en el mediano plazo en la consecución de una Asamblea Popular Constituyente de los Pueblos y los Trabajadores de Chile con vistas a la elaboración de una legítima y verdadera Constitución Popular, la que acompañe la lucha del MP por la nueva sociedad Socialista;
5.- Por el restablecimiento de un gran movimiento nacional por los DDHH y por el castigo a los culpables de los atropellos contra ellos cometidos durante la Dictadura, los gobiernos de la Concertación y del actual gobierno patronal;
6.- Por Salud, Vivienda y Educación estatales, gratuitas, de excelencia y plenamente financiadas;
7.- Por el mejoramiento de las condiciones de los trabajadores y trabajadoras: fin del Código Laboral, sueldo mínimo de $350.000, sistemas adecuados de bienestar para el trabajador y su familia, fin al subempleo y a las externalizaciones de funciones, fin a los contratos a honorarios y reducción de los plazos fijos en el sector público.

Además, se pueden agregar una serie de demandas mínimas, transicionales y máximas, tratando de definir los plazos que sean prudentes para su consecución y considerando que todas ellas están sujetas a la fuerza material que logre acumular el Instrumento y el conjunto del MP.
En lo práctico, el Instrumento debe implementar desde un comienzo los principios de autogestión en lo económico, en lo operativo y en lo orgánico. Respecto de este último aspecto, se debe velar porque los criterios generales al interior del empeño sean la Democracia Directa, la participación, la flexibilidad y la revocabilidad de las instancias de representación.
Seguramente será durante la Asamblea del 26 de noviembre cuando, a través de votación democrática de los asistentes, se bautice el nuevo Coordinador o Instrumento unitario.

¿CÓMO VEMOS LA ORGANIZACIÓN DEL NUEVO COORDINADOR POLÍTICO-SOCIAL?:
El Instrumento Político-Social en ciernes, por su origen y para lograr la más eficaz y más dinámica participación de sus integrantes, debería tener un carácter federativo.
Sin duda, la máxima instancia de discusión y de resoluciones matrices corresponde a la Asamblea General Nacional de todas las organizaciones e independientes que componen el Instrumento, como esta de su génesis. Es la instancia máxima de decisión y generación de estrategia, tácticas, programas y líneas de acción de la organización, en donde participan la totalidad de los miembros de ella, en igualdad de condiciones y en la cual se ejercerá el sufragio universal y la mayoría absoluta para sus definiciones. Esta Asamblea se reunirá las veces que determinemos sea necesario hacerlo (más seguido, seguramente, en una primera época), además de convocarla tras una petición fundamentada de las organizaciones e independientes o de las diversas instancias que surjan dentro del Instrumento.
La dirección del Coordinador debe ser federada, a cargo de una instancia colectiva, propendiendo a que sus discusiones sean integradoras, aunque acotadas, las cuales se puedan traducir en acuerdos lo más amplios y representativos posibles. Debe estar integrada por representantes de las diversas organizaciones y de los independientes. Estos últimos, para efectos de su mejor integración, pueden agregarse en Colectivos de Base, ligados a alguna instancia regional o local, o también sectorial. Las sesiones en este nivel pueden ser mensuales.
Si se quisiera hacer aún más expedita la toma de decisiones del instrumento, además de asegurar la materialización de las resoluciones adoptadas en la Dirección Federada y la Asamblea General, se podría agregar una Dirección Ejecutiva, que cumpla la función de representación política formal y oficial del Instrumento, tomando decisiones ejecutivas con consulta a todas sus organizaciones componentes frente una coyuntura, vinculantes para todos. Esto implicará, además, que debe encargarse del establecimiento formal de nuestros acercamientos y alianzas con otras organizaciones sociales y políticas. Su constitución podría ser de unos pocos representantes de las Organizaciones y de los Colectivos de Base, que asumirán en forma rotatoria cada cierta cantidad de meses, siendo elegidos en la Asamblea General. Esta instancia podría sesionar semanalmente, pudiendo establecerse reuniones extraordinarias dependiendo de las necesidades de la coyuntura.    
Dependiendo del avance del trabajo en los diversos territorios, provincias y regiones, se podrían ir constituyendo diversas coordinaciones en cada nivel y escalonadamente hasta el nivel nacional.
Para avanzar en el trabajo político-orgánico y en las líneas programáticas, se requiere de la constitución de Comisiones, en que creemos se deben abordar como mínimo las temáticas de Finanzas, Comunicaciones, Formación-Educación, Creación Cultural, DDHH, Movilización, siendo de responsabilidad de los integrantes organizados e inorgánicos del Coordinador constituirlas, echarlas a andar y desplegar todo su vigor posible.
No obstante todo lo anteriormente dicho sobre lo orgánico, de la primera Asamblea General debe surgir una Dirección Provisoria (DP), electa democráticamente durante la misma (con una justa proporcionalidad de entre los concurrentes) y cuyas tareas están asociadas a la organización inicial del empeño colectivo, a la organización de equipos de trabajo transversales ligados a las finanzas, a la organización y a las comunicaciones, además de echar a andar la constitución de Asambleas o frentes sectoriales y territoriales. Asimismo, ésta DP tiene la labor de sistematizar los resultados del Encuentro del 26 de noviembre y de dar a conocer el nacimiento del nuevo Instrumento Político-Social al interior del MP. Se deberá definir en el Encuentro mencionado la fecha de realización de una próxima Asamblea, donde esa DP dará a conocer sus propuestas y se realizará la conformación democrática y más definitiva del nuevo referente revolucionario.

Aportaremos todo nuestro tesón y todas nuestras fuerzas para que éste nuevo Coordinador de las luchas del Pueblo y de los Trabajadores de Chile nazca fuerte y robusto, logrando hacer de él un instrumento eficaz de combate para lo que resta de 2011 y bregando porque se torne un aporte sustancial para hacer de 2012 un año decisivo en las posiciones de los anticapitalistas.

El CAD aspira a que este nuevo referente, poco a poco, pero sin pausa, vaya asumiendo su propia originalidad y adscripción a los principios que deben movilizar a un referente que se diga revolucionario. El Coordinador Político-Social que tenemos en mente debe aspirar, ni más ni menos, que a constituirse en la Fuerza Social y Política de los Pueblos y de los Trabajadores de Chile destinada a suprimir toda forma de dominación y de explotación de unos pocos sobre las grandes mayorías nacionales. Y frente a ello, no caben dobles lecturas, atajos, aplazamientos; sólo cabe no perder la paciencia.

¡Que la Historia nos aclare el pensamiento!


COLECTIVO ACCIÓN DIRECTA
Octubre de 2011