sábado, 1 de julio de 2017

MIGRANTES CARIBEÑOS SE ARRIESGAN AL PELIGRO Y LA DISCRIMINACION POR UNA NUEVA VIDA EN CHILE

El área Puerto Príncipe de la comuna de Quilicura, Santiago

Traducción de: “Caribbean migrants risk danger and discrimination for a new life in Chile”

Muchos haitianos y dominicanos se están desplazando al sur en busca de trabajo y oportunidades –y algunos están recibiendo una bienvenida menos que simpática luego de 3 mil kilómetros de viaje

En The Guardian –public. 29/6/17

A Digna Batista se le prometió que se dirigiría al paraíso cuando le pagara a los contrabandistas para llevarla desde República Dominicana a Chile. En cambio, se encontró caminando por el desierto a través de un campo minado para encontrar una acogida menos que simpática en una sociedad que está luchando para dar cabida a un número creciente de migrantes del Caribe.

La discriminación, el abuso laboral y anticuadas políticas de inmigración han dificultado la adaptación para muchos de los más de 50.000 haitianos y 15.000 dominicanos que están tomando parte de una historia de migración económica que está rápidamente haciéndose sitio en la agenda política, ello antes de la elección presidencial de fines de éste año.

Batista pidió prestados más de US$2.500 para pagar a los coyotes (los contrabandistas de personas) por el viaje a través de los Andes y el desierto de Atacama, con la esperanza de encontrar una vida mejor.

Dejando atrás a su hijo de tres años, primero voló a Ecuador, donde continuó su viaje en autobús −en un punto apretujada junto a otras 17 personas en la espacio dedicado al equipaje− en la ruta terrestre de 3.000 kilómetros a través de Perú hasta la frontera chilena. Una vez allí, a ella y los demás se les dijo que se dirigieran hacia una luz que se veía a lo lejos.

“Caminamos toda la noche. Finalmente, por la mañana, llegamos a un camino, paramos un taxi de paso y pedimos al conductor que nos llevara al albergue más cercano. Nos dijo que acabábamos de atravesar un campo minado”, recordó.

Los peligros son demasiado reales. Más de 90.000 minas fueron instaladas por militares chilenos en la década de 1970; un tiempo de dictadura y paranoia relacionada con el Perú. Aunque el ejército se comprometió posteriormente a desmantelarlas todas en 2012, el avance ha sido lento y cerca de 40.000 aún están en su sitio. Las señales de alerta son inadecuadas, mal colocadas o ignoradas por los emigrantes desesperados. El año pasado, un dominicano de 24 años, Daniel Sosa, perdió su pie izquierdo cuando pisó una de esas minas tratando de entrar al país ilícitamente para encontrar trabajo, luego de haberle sido denegada una visa.

Una serie de incidentes como estos, algunos de ellos fatales, han provocado una creciente preocupación diplomática de que las políticas fronterizas de Chile están llevando a la gente a arriesgarse a cruzar de manera ilegal. La cónsul de República Dominicana en Arica, Nina Consuegra, dijo que la policía fronteriza de la PDI de Chile está deteniendo y negando la entrada a cualquiera que sea negro o venezolano si no muestran bonos de prepago de hotel y boletos de regreso.

Sin embargo, inclusive aquellos que llegan legalmente se enfrentan a prejuicios.

Hasta la década de 1990, Chile tenía sólo una pequeña población negra, por lo que la reciente llegada de los migrantes negros ha causado revuelo.

La historia indica que este no debería ser el caso. Un estudio genético de 2014 encontró que uno de cada dos chilenos tenía antepasados entre los miles de esclavos africanos traídos al país entre los siglos XVI y XIX. Pero la élite chilena hace tiempo que prefiere hacer hincapié en las raíces europeas de su país y los recién llegados son ahora objeto de un creciente debate.

“[Los migrantes] son a menudo muy duramente discriminados”, dice la socióloga María Emilia Tijoux. “Algunos realmente están sufriendo. Y no es sólo un problema legal, es porque hay una parte de la sociedad chilena que es tan malditamente racista”.

Batista dice que ella ha experimentado amabilidad y hostilidad.

Ahora trabaja como empleada doméstica en la parte alta de Santiago, mientras intenta legalizar su residencia para que un día pueda traer a su hijo Brayan a vivir con ella.

Muchos haitianos encuentran nichos mal pagados en el mercado laboral donde los chilenos son reacios a trabajar, particularmente la construcción, el servicio doméstico y la agricultura.

Al carecer de derechos legales, algunos son explotados, dijo el líder de la comunidad haitiana Widner Darner, quien añadió que los migrantes a veces trabajan durante meses sin recibir pago.

A principios de este mes, un migrante haitiano sin hogar, llamado Joseph Polycart, murió de hipotermia después de haber sido rechazado dos veces de un hospital local en una noche de frío intenso.

Pero también hay historias positivas. N’kulama Saint Louis llegó a Santiago con su esposa Patricia y su hijo Nkulahi, de dos años, en 2010, tras el devastador terremoto de Haití. Hoy N’kulama trabaja como barrendero y estudia sociología en la Universidad Católica de noche. “Tenemos mucho apoyo de nuestros amigos chilenos”, dijo, “pero el Gobierno no tiene una política de inmigración tolerante y eso es un gran problema”.

El sistema actual es ampliamente criticado como anticuado. Una notoria ley de inmigración −un remanente de la dictadura de Pinochet− considera intrínsecamente a todos los migrantes como posibles subversivos, dijo Jean Claude Pierre-Paul, un trabajador social haitiano.

Y la situación podría empeorar. El candidato de la centroderecha en la elección, el ex presidente y empresario multimillonario Sebastián Piñera, está siguiendo el ejemplo de Trump en Estados Unidos y del argentino Mauricio Macri al proponer controles más estrictos en las fronteras y la expulsión de todos los migrantes irregulares, unas 150.000 personas.

Dada la enorme frontera de 5.000 kilómetros de Chile, no hay ninguna propuesta acerca de un muro fronterizo, pero regulaciones más estrictas podrían conducir a más migrantes a intentar los cruces peligrosos ilegales por las montañas, desiertos y campos de minas.

“Los visados no controlan la migración; los migrantes sólo se irán donde los contrabandistas de personas para ingresar al país”, dijo Rodrigo Sandoval, jefe del departamento de inmigración del Ministerio de Interior.

Sandoval dijo que Chile necesita una nueva ley de inmigración que ayude a atraer a más extranjeros para contrarrestar el envejecimiento de la población y la escasez de mano de obra en el país. Sus propuestas han provocado una reacción de la derecha en las redes sociales, donde los xenófobos lo describen como un traidor que está permitiendo que Chile sea “invadido”.

Las cabezas más frescas insisten en la autorreflexión. En el barrio Independencia, la trabajadora social Patricia Loredo, que ayuda a dirigir el colectivo de derechos de los migrantes Sin Fronteras, cree que los chilenos necesitan estar mucho mejor informados y educados acerca de su herencia.

“La mayoría de los chilenos no tienen una idea clara de su identidad cultural”, afirmó, “pero esta es claramente una sociedad mestiza”.

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Colectivo Acción Directa Chile -Equipo Internacional
Julio 1 de 2017

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