sábado, 8 de abril de 2017

IMPERIALISMO EN TRANSICION: ¿CUANTO PESA EL CAPITAL MONOPOLICO TRANSNACIONAL?


Hemos expuesto en estas páginas los profundos cambios sufridos en las últimas décadas en la propiedad y contenidos de los medios de difusión de masas, la prepotencia y el intervencionismo de las grandes potencias que avasallan países y regiones a través del planeta, cómo se doblegan los “gobiernos nacionales” frente al poder imperial, etc. Hoy profundizaremos sobre la altísima concentración y centralización de capitales en manos de cada vez menos corporaciones transnacionales y algo de la expresión de su creciente poderío


Diez transnacionales ganan más que 180 países juntos

A fines del año pasado, con estupor, nos enteramos que los ingresos de diez de las corporaciones transnacionales más grandes del mundo -como Apple, Shell y Walmart- superan a los de 180 naciones de la lista de las 195 reconocidas por la ONU.

Si en el mundo se ponen por orden los países y las transnacionales según su potencia económica, sin importar su naturaleza, Estados Unidos ocuparía el primer lugar y la megacorporación Walmart el décimo. El valor combinado de aquellas 10 multinacionales es comparable al producto interior bruto de los 180 países más pequeños del planeta, un grupo que incluye a Irlanda, Indonesia, Israel, Colombia, Grecia, Sudáfrica y Vietnam, por citar a las más relevantes. A este ritmo de crecimiento bastará solo con una generación para que el mundo entero esté dominado por grandes corporaciones; es decir, será la cristalización de la fase imperialista II, la del gobierno mundial del capital monopólico transnacional.

Las multinacionales siguen ganando poder al comprar 'start-ups' que tratan de hacerles sombra. El poder económico de EE.UU. se basa precisamente en sus grandes corporaciones. Y fue un ex presidente yanqui, Theodore Roosevelt, quien advirtió hace un siglo que la concentración en un pequeño número de grandes corporaciones acabaría ejerciendo un control tal que pondría en peligro el principio de "igualdad de oportunidades", quimera capitalista sobre la que -se supone- se fundó la que llegó a ser la mayor potencia planetaria.

Peter Thiel, cofundador junto a Elon Musk del sistema electrónico de pagos Pay-Pal, tiene una visión imperial acerca de la competencia: “Es para los perdedores”, dice. La defensa que hace de los monopolios el primer gran inversor de la red social Facebook es controvertida, pero refleja una realidad. Las grandes corporaciones transnacionales siguen ganando poder pese a todos los intentos de regulación y aun en tiempos de una supuesta crisis –según algunos ingenuos, ‘terminal’- del sistema capitalista mundial (SCM).

Según lo informado por la organización británica Global Justice Now (GJN), la cual critica abiertamente el apoyo de su gobierno a estas compañías, multinacionales como Walmart, Apple y Shell son ahora más ricas que Rusia, Bélgica o Suecia. Además, sigue incrementándose su poder y capacidad económica por sobre varios Estados de la lista de los principales actores del SCM. Hoy en día, entre los primeros 100 actores económicos internacionales se encuentran 69 corporaciones.

"La riqueza y el poder enorme que detentan las corporaciones son la causa de los problemas como la desigualdad o el cambio climático", declaró, con toda la razón, Nick Dearden, el director de GJN.

El informe de la ONG británica fue difundido en un intento de ejercer presión sobre las autoridades de la isla en vísperas de la discusión sobre la extrema concentración económica mundial en el seno de la ONU. Dicho encuentro, encabezado por Ecuador, se realizó con el loable pero ilusorio fin de elaborar normas que faciliten el cumplimiento obligatorio por parte de las corporaciones multinacionales de todo el espectro de los DD.HH. "Su apoyo total al proyecto estadounidense-europeo de la Asociación Transatlántica para el Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) constituye solo un ejemplo más del apoyo estatal al gran negocio. Es una vergüenza que el Reino Unido se pronuncie sistemáticamente en contra del llamado de los países en vías de desarrollo en la ONU a que las actividades de las corporaciones se adecuen a los DD.HH.", afirmó Dearden.

Respecto de los grandes acuerdos económico-sociales intercontinentales, los cuales resguardarán y alentarán el poder de las corporaciones transnacionales, digamos que en la actualidad son al menos tres los que se encuentran en tratativas: TPP, TTIP y TISA. Las negociaciones de estas alianzas multilaterales, instigadas y cruzadas por el todopoderoso capital financiero transnacional, monopólico en esencia, significan una negación de la democracia, pues excluyen a la inmensa mayoría de la humanidad de las más importantes decisiones sobre el desarrollo de las próximas décadas. Son tratados que, en la práctica, intentan regular todos los aspectos centrales para el progreso de un país y que se discuten de manera cerrada y oculta. No existe acceso al texto de la negociación, sino que nos hemos enterado por filtraciones de unos pocos capítulos que hacen imposible conocer el detalle de los compromisos que ya están siendo adoptados.

El TISA: la ablación universal del estado-nación

Empezar diciendo que éste súper-transacuerdo imperial no tiene nada de ‘Neoliberal’, al decir de Paul Walder. Afirmamos esto, pues no es nuevo y jamás ha sido liberal: la actual etapa de transición imperialista arranca en los años “70-“80 en el centro del sistema capitalista mundial (luego se nos impondría a la periferia) y es más congruente con la realidad conceptualizarlo como un Capitalismo Monopólico-Financiero, formando el TISA y los demás pactos parte de la dinámica lógica en el devenir del gran capital financiero transnacional camino del establecimiento de su gobierno mundial (remitimos a nuestro lectores a ver un par de trabajos sobre el particular en nuestra página).

El acuerdo internacional sobre el comercio de servicios (TISA, por sus siglas en inglés), que se está ’cocinando’ entre medio centenar de países, ha quedado en evidencia gracias a WikiLeaks como un arma de las multinacionales para reforzar el control financiero a nivel global, como hasta 2007, antes de la conmoción subprime.

Gracias a las filtraciones conocidas, podemos afirmar que las 10 principales amenazas que el TISA plantea para el conjunto de los pueblos y los trabajadores del ya desigual y excluyente sistema capitalista mundial, son las siguientes:

1. Restringir las medidas equitativas para minimizar riesgos financieros; 2. Permitir el tráfico de datos sensibles de los consumidores; 3. Forzar a los gobiernos a anticipar todas sus futuras regulaciones; 4. Prohibir indefinidamente cualquier nueva regulación financiera; 5. Prohibir los controles de capital dirigidos a paliar la crisis; 6. Exigir la implementación de productos financieros aun no existentes; 7. Aceptar las reglas financieras vigentes en otros países; 8. Permitir a las corporaciones el bloqueo de nuevas regulaciones; 9. Prohibir las preferencias bancarias nacionales para los contribuyentes; 10. Dejar a los gobiernos sin defensa legal para sus regulaciones.

En resumidas cuentas, estas cláusulas harían que los Estados queden desarmados e impotentes frente al poder ilimitado de las compañías financieras internacionales. Agreguemos que el TISA, que las autoridades de Chile también negocian muy en privado, hay cláusulas para mantener el secreto hasta por cinco años después de firmado el acuerdo.

El TTIP: el Imperio se corporiza

El acuerdo de Asociación Comercial y de Inversiones Transatlántico (TTIP, en inglés), que establecerá (si no dice otra cosa el movimiento socio-político anticapitalista europeo) un mega-acuerdo en todas las áreas posibles del intercambio entre EE.UU. y la Unión Europea, representa una seria amenaza para los trabajadores. Tal TTIP supondrá, por ejemplo, una violación sistemática de derechos de los explotados, porque EE.UU. no acepta las pautas de derechos laborales de la Organización Internacional del Trabajo y la armonización de normas negociada en el TTIP será a la baja. Se impondrá la ausencia estadounidense de derechos laborales. Será así porque quienes negocian el tratado consideran los derechos de los trabajadores “barreras” para el libre comercio.

Además, el TTIP prevé crear un “consejo de cooperación reglamentaria” que podrá determinar si los proyectos de ley de los gobiernos perjudican intereses de empresas transnacionales. Y hacerlos retirar. Además crean unos pretendidos tribunales internacionales para conflictos de inversores (grandes empresas, corporaciones transnacionales) y gobiernos. Pero hay trampa. Únicamente pueden demandar las empresas y esos ‘tribunales’ solo son tríos de abogados privados carísimos sin ningún mandato ni legalidad democráticos. Una mafia cerrada.

Por otros tratados bilaterales (que también establecen esos equívocos medios de resolución de conflictos), tenemos un amplio conocimiento de cómo actúan esos falsos tribunales: dictando sentencias mil millonarias de indemnizaciones contra los Estados por pretendidos perjuicios a los beneficios de las empresas. Por informar en Uruguay, por ejemplo, que el tabaco perjudica la salud.

Pero, como si el Tratado no fuera bastante amenaza, la Comisión Europea crea una Unión de Mercados de Capitales. Para financiar empresas, dicen. Mercados de capitales no son bancos ni tienen oficinas o sucursales en pueblos y ciudades. Son fondos de inversión, fondos buitre, fondos de pensiones, mercados de divisas, mercados de acciones, de bonos, aseguradoras… ¿Que pretende la Comisión?

Según un Libro Verde donde expone su plan, lo prioritario es “detectar y suprimir las barreras y obstáculos que dificultan la financiación de la inversión en la Unión”. ¡Alarma! Porque cuando la Comisión Europea suprime lo que cree impedimentos económicos, al final lo paga la ciudadanía. Solo hay que repasar los últimos años de historia europea para comprobarlo.

Esa Unión de Mercados de Capitales significaría el más completo dominio del capital financiero en Europa. Es decir, que todo (tangible o intangible, con valor presente o futuro) se puede comprar y vender como producto financiero. Productos del trabajo y servicios transformados en activos financieros. Para especular. No olvidemos que el aumento del hambre en 2008 (con las muertes consiguientes) fue por la especulación de los precios de alimentos básicos.

La historia reciente demuestra cuán destructor ha sido el dominio y el control del capital financiero sobre la economía, porque ello va acompañado de la desregulación. Claro que en esto no hay ‘mano invisible’, sino que las reglas las manejan unos pocos. Por cierto, en el Libro Verde de la Comisión, la regulación de la actividad financiera y el control de los mercados de capitales… no se proponen en lugar alguno regular y controlar capitales y transacciones financieras. Esta crisis es consecuencia directa de la financiarización desregulada.

Si se crea la Unión de Mercados de Capitales, y no se impide la firma del TTIP, Europa retrocederá a la Edad Media política. Porque las soberanías nacionales se irán por el desagüe y la ciudadanía y los Parlamentos no pintarán nada. Los mercados decidirán más que nunca y la democracia se convertirá en un ritual, una liturgia. Atados de pies y manos Parlamentos y Gobiernos por el TTIP y la libérrima actuación de los mercados, unos pocos decidirán lo que a todos atañe en función de ‘sus’ intereses. Porque el poder económico-financiero no quiere que la ciudadanía haga valer sus derechos con los medios que la democracia proporciona. Porque va contra sus beneficios. Ya no recurren a golpes de Estado violentos ni a dictaduras militares. De momento. Pero asaltan la democracia con el rodeo de los tratados y la financiarización total.

Las consecuencias del poder mundial del capital transnacional

Aparte del cúmulo de efectos señalados más arriba, derivados de los mega-acuerdos imperiales, el control y la explotación intensiva de los recursos naturales por parte de empresas transnacionales se ha convertido en un foco de conflicto y violación de derechos humanos en América Latina, según ha señalado el director de la organización humanitaria Oxfam en Bolivia, Carlos Aguilar.

Aguilar explicó que en los últimos 16 años el acceso y el control de la tierra en América Latina se ha convertido en un factor de conflicto entre las empresas, los estados y las comunidades indígenas y campesinas. "Hemos constatado que uno de los factores que más genera desigualdad en los países en América Latina es el tema del control de la tierra y los recursos naturales".

De acuerdo con un informe de Oxfam, "Desterrados: tierra, poder y desigualdad en América Latina", "las concesiones mineras y petroleras se han multiplicado desde el año 2000 en Bolivia, Colombia, Perú y Ecuador" y favorecen con exclusividad a las élites económicas y empresariales. Además, se señala allí que en 2015 fueron asesinados 122 activistas de DD.HH., de los cuales un 40% estaba relacionado con la defensa de la tierra y el medio ambiente.

Afortunadamente, día a día crecen la organización y la lucha de los sectores populares en todos los países de la periferia del SCM, bregando por impedir que sus entornos naturales y modos de vida se vean arrasados por la codicia de unos pocos ricachones locales, aliados dependientemente del capital monopólico transnacional. Serán las propias comunidades, de trabajadores, indígenas y campesinas, en América Latina y el resto del mundo explotado y expoliado, las que se opondrán con todo a la rapiña de las empresas transnacionales y construirán el poder político-social que imponga el respeto de todos los derechos humanos y de los acuerdos democráticos emanados del derecho internacional.


Colectivo Acción Directa Chile -Equipo Internacional
Abril 8 de 2017

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