miércoles, 7 de diciembre de 2016

SUPREMA SOLICITA A EE.UU. EXTRADICION DE ASESINOS DE RONNIE MOFFITT


Los acusados, los reconocidos criminales de lesa humanidad Armando Fernández Larios y el CIA yanqui Michael Townley, formaban parte de la siniestra DINA y realizaron un mortal atentado con bomba en contra de Orlando Letelier, ex canciller de Allende, el 21 de septiembre de 1976. Moffitt era secretaria de éste último y le acompañaba aquel aciago día

Por su responsabilidad en el delito de homicidio calificado de RONNIE MOFFITT, ilícito perpetrado el 21 de septiembre de 1976, en Washington D.C., la Corte Suprema aprobó la solicitud de extradición activa a Estados Unidos de los asesinos Armando Fernández Larios y del ciudadano estadounidense Michael Townley Welch, por su responsabilidad en el delito de homicidio calificado

En fallo unánime, la Segunda Sala del máximo tribunal del país –integrada por los ministros Milton Juica, Carlos Künsemüller, Haroldo Brito, Lamberto Cisternas y Jorge Dahm– aprobó la solicitud elevada por el ministro en visita Mario Carroza, quien procesó en junio pasado a ambos agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), como autores del homicidio de la secretaria del Orlando Letelier.

De acuerdo al fallo de la Corte Suprema, en la especie se cumplen los requisitos para solicitar la extradición de Fernández (uno de los sádicos integrantes de la fatídica ‘Caravana de la Muerte’, en 1973) y Townley, establecidos en el tratado de extradición suscrito entre Chile y Estados Unidos en 1902.

"De conformidad a lo pactado en esta convención, los Gobiernos de ambos países han comprometido entregarse mutuamente a las personas que, habiendo sido acusadas o condenadas por alguno de los crímenes o delitos especificados en su artículo II y cometidos dentro de la jurisdicción de una de las Partes Contratantes, busquen asilo o se encuentren en territorio de la otra. Como se lee de sus artículos VI y VII, el delito de que se trate no debe tratarse de uno que tenga el carácter de político; y los procedimientos legales o la aplicación de la pena correspondiente al hecho cometido por la persona reclamada, no deben encontrarse prescritos", sostiene el fallo del máximo tribunal.

La resolución agrega que "(…) en el caso del delito de homicidio calificado cometido en la persona de Ronnie Moffitt el día 21 de septiembre de 1976 en la ciudad de Washington todas las exigencias consignadas en los fundamentos anteriores aparecen debidamente cumplidas. En efecto, el delito de homicidio, comprendiendo el asesinato, se enumera en el artículo II del Tratado. Los múltiples antecedentes consignados por el tribunal instructor permiten tener por establecidas presunciones suficientes para afirmar que a los requeridos les cupo participación culpable en los hechos investigados en la causa, los cuales se perpetraron en la ciudad de Washington, Estados Unidos; se trata de un delito común, no político ni relacionado con uno de ellos, y a cuyo respecto la acción penal no está prescrita como lo consigna el tribunal instructor y el Fiscal Judicial en su informe por tratarse de un delito de lesa humanidad. Finalmente, se encuentra establecido que los requeridos mantienen residencia en Estados Unidos de Norteamérica, según se consigna en la comunicación despachada desde la Oficina Central Nacional Interpol de la Policía de Investigaciones de Chile de veintiséis de julio pasado, agregado en el Tomo I".

Por lo tanto, concluye: "se declara que es procedente solicitar al Gobierno de Estados Unidos de América la extradición de Armando Fernández Larios y Micheal Townley Welch, por la responsabilidad que se les atribuye como autores del delito de Homicidio calificado cometido en la persona de Ronnie Moffitt previsto y sancionado en el artículo 391 N° 1 del Código Penal, por el que fueran procesados. Para el cumplimiento de lo resuelto diríjase oficio al señor Ministro de Relaciones Exteriores a fin de que se sirva ordenar se practiquen las diligencias diplomáticas que sean necesarias".

Memoria Histórica

En la mañana del día 21 de Septiembre de 1976, Letelier y su colega Ronnie Moffitt morian asesinados por agentes de la dictadura cívico-militar chilena mediante el demencial expediente de una bomba instalada bajo el auto mientras transitaban junto al marido de Ronnie, Michael, por Sheridan Circle, a solo metros de la residencia de la Embajada de Chile. Sería el primer atentado terrorista cometido por un gobierno extranjero en la capital de los EE.UU.

Más de un año antes, Letelier había vuelto a Washington luego de haber sido encarcelado el mismo día del golpe de Estado militar que cerró violentamente el paso a la ofensiva el Pueblo chileno, el 11 de Septiembre de 1973. Tras pasar casi dos años preso en la remota isla Dawson en el sur antártico de Chile, quien había sido Embajador en Washington y Ministro de Relaciones Exteriores de Salvador Allende, fue primero expulsado a Caracas, y de ahí se trasladó a Washington, con su esposa Isabel y sus cuatro hijos: una ciudad a la que conocía bien, por haber sido durante años funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo.

Ni Letelier, ni los demás chilenos que se habían reunido con él para denunciar en EE.UU. las atrocidades cometidas por la dictadura cívico-militar chilena, ignoraban los peligros que corrían quienes dirigían estos esfuerzos. El chacal Pinochet había ordenado el asesinato del ex comandante en Jefe del Ejército Carlos Prats y de su esposa Sofía, en 1974, y luego el asesinato frustrado del líder demócrata cristiano Bernardo Leighton en Roma, en 1975. Pocos creían que el aparato represivo dictatorial se atrevería a cometer un atentado en Washington. No sabían entonces lo que Pinochet había dicho a Henry Kissinger tres meses antes del crimen en Sheridan Circle, cuando a las melosas promesas de apoyo del Secretario de Estado imperial, había respondido tercamente con un reclamo y una amenaza: “será lo que usted dice, pero ahí están Orlando Letelier y Gabriel Valdés atacándome en el Congreso de los Estados Unidos”.

Y efectivamente, a Orlando Letelier le unía una gran amistad con el Senador Ted Kennedy, conocía muy bien a George Mac Govern y Edmund Muskie y en 1975 había promovido el viaje del Senador Tom Harkin y el Congresista George Miller a Chile y a sus centros carcelarios. El día antes de su asesinato, el grupo de chilenos liderados por Letelier preparaba una visita al Congreso de la esposa de un dirigente socialista condenado a muerte por la dictadura, y un mes antes, Letelier y Valdés habían respaldado la primera reunión entre miembros de la izquierda y el centro demócrata cristiano chileno en Nueva York. Esas eran las razones por las cuales la dictadura temía al ex canciller del gobierno popular.

Hoy sabemos, gracias a un memorándum del Secretario de Estado George Shultz al Presidente Ronald Reagan, del 10 de Junio de 1987, que un informe de la CIA concluyó fehacientemente que Pinochet dio personalmente la orden a la DINA de asesinar a Letelier y con él a la comprometida activista por los DD.HH. Ronnie Moffitt.

Ronnie, con 25 años al momento del mortal atentado, era una ciudadana norteamericana y se desempeñaba –como Letelier- en el Instituto de Estudios de Políticas (Institute for Policy Studies), en Washington, D.C.

“No habrá piedra ni mar que los proteja ni guarida ni caverna perdonada”
(Canción de Karaxu) 

¡Ni Olvido Ni Perdón: Verdad, Justicia y Memoria!
¡Sólo la Lucha y la Unidad Nos Harán Libres!

Colectivo Acción Directa CAD –Chile
Diciembre 8 de 2016

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