martes, 20 de diciembre de 2016

¡NI PERDON NI AMNISTIA PARA LOS CRIMINALES DE LESA HUMANIDAD DE PUNTA PEUCO!


Se Fragua Perdonazo a Violadores de Derechos Humanos Bajo Dictadura

Se ha hecho público: se nos viene un perdonazo a los ex uniformados violadores de DD.HH. detenidos en el hostal Punta Peuco. A él concurren la curia de la iglesia católica y evangélica, variopintos politicastros –la derecha en bloque- y la oficialidad de las FF.AA    

Durante ésta jornada –pero con raíces en acciones y declaraciones llevadas a cabo hace tiempo- se hizo público un pacto ‘por arriba’ para otorgar un espurio perdón al lote de asesinos ex uniformados que cumplen penas por sus horrorosos crímenes en Punta Peuco.

Y tan inicua iniciativa tendrá un acto de lanzamiento, éste viernes 23 (muy cerquita de navidad y como para aprovechar el ambiente de recogimiento). Entonces, un grupo de ex esbirros de la dictadura cívico-militar condenados por crímenes de lesa humanidad llevará a cabo una macabra performance dentro de la cual pedirían perdón. La indignidad de tal evento se ve agravada cuando se le cataloga de una “ceremonia ecuménica” y por el hecho que se le celebrará nada menos que en el mismo centro penitenciario en el que ellos cumplen sus sentencias, donde ningún verdadero creyente podría llegar a pensar que dios pueda estar presente.

Los ahora muy “arrepentidos” son -al menos- seis de los 120 reos que cumplen condenas en la prisión-hostal Punta Peuco, sita a unos 35 kilómetros al norte de Santiago, levantada ex profeso para aquellos que cometieron crímenes de lesa humanidad: ejecuciones sumarias, asesinatos calificados, torturas y tratos degradantes, violaciones y variadas aberraciones sexuales, desaparición forzada de detenid@s, desmembramientos, asesinatos a golpes, degollamientos, quemar vivas a personas, ocultar información, mentir y atropellar los derechos fundamentales de millones de personas, etc., todos delitos perpetrados por razones políticas.

Los condenados, entre ellos los ex generales Raúl Iturriaga Neumann y Fernando Torres Silva, buscan dar una "señal de arrepentimiento" durante su show, en el que participarán como artistas invitados el sacerdote jesuita Fernando Montes y el ex capellán del Palacio de La Moneda, evangélico, Alfred Cooper.

Montes se atrevió a afirmar: "Siempre he pensado que el país necesita reconciliación y la reconciliación pasa por conocer la verdad y a mí me parece un paso notable de humanidad que la gente que tiene arrepentimiento se atreva a pedir perdón", como si ello fuese suficiente para la realización de tan loables fines. En rigor, el jesuítico personaje busca convencernos que basta sólo con que los asesinos digan perdón para que en verdad se haya hecho en ellos el arrepentimiento. Su inhumana obra y el conocimiento de lo que los ex esbirros dictatoriales han venido planteando todos estos años, simplemente nos atestiguan que en ellos no existe tal arrepentimiento de sus crímenes, que no han dicho toda la verdad, que han eludido la justicia y luego, con ello se aleja toda posibilidad que la comunidad toda pueda sancionar una reconciliación nacional, toda vez que nadie puede exigir a los familiares y compañeros de las víctimas que se allanen a perdonar a los impenitentes e inhumanos victimarios.

Y éste Montes es el mismo que había dicho a El Mercurio –el duopólico medio del golpista Edwards-, en marzo pasado, que el contubernio para la impunidad de los represores se venía. Aseveró, entonces, que un grupo de abogados y otras personas estaban formando un piño para “ayudar a los presos que hoy están en Punta Peuco”, condenados por brutales violaciones a los DD.HH. El sacerdote señaló en la entrevista que no podía despreocuparse de los victimarios: “he sido un fuerte, fuerte, fuerte opositor a los atropellos de los derechos humanos. Personalmente, hasta expuse mi vida en defensa de esos derechos. Sin embargo, si hay que castigarlos, debe hacerse de manera civilizada”. Y claro, el ex rector de la UAH ablandó sobre su “fuerte” compromiso cuando empezó a visitar a los pobrecitos presos de Punta Peuco, los comenzó a escuchar y a contactarse con sus familias. En realidad, Montes pasó derechamente a relativizar la responsabilidad en los horrorosos hechos por parte de esos peligrosos sujetos.

Luego, durante junio pasado, proyectos de ley, reuniones, solicitudes a Bachelet y entrevistas, fueron algunos de los mecanismos que utilizaron algunos senadores en su estrategia para conseguir beneficios para los susodichos ex milicos condenados. Nada menos que tres proyectos de ley se presentaron en menos de dos semanas, los cuales permitirían otorgar beneficios carcelarios para avalar la impunidad. Las mociones se diferenciaban por hacer énfasis en la edad y la condición de salud, por el estado de permanencia y por razones humanitarias. Los nombres tras esas ignominiosas iniciativas fueron Manuel José Ossandón, Eugenio Tuma, Lily Pérez, Francisco Chahuán, Iván Moreira y Baldo Prokurica. Lo común en tales enmiendas era consagrar el cumplimiento alternativo de las condenas cumplidas por los “viejitos” y el asunto de problemas sanitarios.

Además de estas iniciativas y según informaba El Mercurio, se habría presentado una solicitud a Bachelet, a la ministra de justicia y al director nacional de gendarmería con el objetivo de adoptar las medidas administrativas necesarias para el cumplimiento de unos tergiversados principios del derecho penal humanitario para nada menos que unos reos considerados peligros para la humanidad. Este documento habría sido firmado por 19 senadores, tanto del oficialismo como de la oposición.

La cosa es bien clara, nos parece. Las diversas agrupaciones de defensa de los DD.HH., de familiares de las víctimas de la dictadura cívico-militar, las instituciones de Memoria y por la Justicia, y cientos de organizaciones político-sociales del campo popular lo han venido exigiendo hace rato: que se cierre el Penal de Punta Peuco, yendo todos sus acomodados moradores a las cárceles comunes (que nos disculpen los presos comunes); por el fin de los beneficios carcelarios para todos los criminales de lesa humanidad. La única excepción para lo anterior y que pudiera llevar a los esbirros a hacerse merecedores a una rebaja de su sentencia –la que, en todo caso, tendría que contar con el respaldo del conjunto de los familiares y compañeros de las víctimas- sería su cooperación efectiva y completa en las causas sobre los crímenes y situaciones represivas que hubiesen cometido y/o que tuvieren conocimiento y siempre que se encuentren aquejados por una enfermedad de carácter terminal.

Otra cosa sería impunidad y la sangre de tantos y tantas no se puede olvidar ni negociar.

¡Ni Olvido Ni Perdón: Verdad, Justicia y Memoria!
¡Sólo la Lucha y la Unidad Nos Harán Libres!


Colectivo Acción Directa CAD –Chile
Diciembre 20 de 2016

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