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lunes, 19 de agosto de 2013

EGIPTO O CUANDO LA DEMOCRACIA SE QUEDA A MEDIAS



Luego del golpe de Estado del 3 de julio pasado, en que fue derrocado Mohamed Morsi, el nuevo gobierno de Egipto, encabezado por Hazem el-Beblaui como primer ministro, prestó juramento el martes 16 de julio de 2013. Este nuevo gobierno civil no incluía ningún islamista y entre sus miembros hay varias personalidades pro estadounidenses, como el ex embajador en Washington, Nabil Fahmy (ahora ministro de Relaciones Exteriores), y un ex cuadro del Banco Mundial, Ahmad Galal, nombrado ministro de Economía. El ministerio de Defensa, sin embargo, se mantiene en manos del general Abdel Fattah al-Sissi, quien destituyó al presidente Morsi (miembro de la Hermandad Musulmana).
Otro dato interesante lo dio por esos días la radio militar israelí, cuando anunciaba que el nuevo vicepresidente egipcio a cargo de las relaciones internacionales, Mohamed ElBaradei, había efectuado el día anterior un viaje de 5 horas a Tel Aviv en compañía de varios jefes militares. Es decir, existía mucha cercanía con la entente EEUU-Israel.
Digamos, antes de seguir, que la elección presidencial realizada en Egipto en junio de 2012 se caracterizó por un nivel record de abstención, 65%. Luego de 80 años de intentonas golpistas y de actos de terrorismo perpetrados –en Egipto y en otros países– por la Hermandad Musulmana, era la primera vez que un miembro de esa secta llegaba legalmente al poder. Su corto gobierno no fue de los más democráticos (llegó a nombrar gobernador de Luxor al que comandó la masacre de más de 60 personas el 97), hubo mucho sectarismo y acciones anti-nacionales. Otrosí, desde el 15 de junio pasado la Hermandad Musulmana había modificado su discurso para calificar de «infieles» tanto a los partidarios de Bachar al-Assad como a los egipcios chiitas o cristianos, o sea cerca del 15% de la población. Con esa actitud, la Hermandad Musulmana estaba llevando el país hacia la guerra civil. Así, tras la intervención del ejército del pasado 3 de julio, 33 millones de egipcios se lanzaron a las calles para festejar el golpe de Estado. La disyuntiva no era entre una democracia y un golpe de Estado sino entre un golpe de Estado y la guerra civil.
El Consejo Militar que ocupó el poder, pronto nombró un primer ministro, capaz de mantener la unidad nacional ante el peligro que constituía la Hermandad Musulmana, pero también se veía impulsado, por el estruendo de las armas, a imponer una nueva dictadura. Los acontecimientos se abalanzan rápidamente y no dejan ver el fondo del asunto, más podemos adelantar que EEUU y la sibilina UE no se esperaban la salida de Morsi, tan pronto al menos, y han quedado sin voz frente a las muertes de fundamentalistas egipcios estos días.
En círculos progresistas también se dificulta el poder dar una idea más de fondo, pero lo que sí es seguro es que para alcanzar la verdadera democracia en Egipto existe aún un trecho largo y tortuoso por recorrer. Los resabios de 30 años de dictadura de Mubarak aún requieren resolverse y con participación de la mayoría del pueblo egipcio.



COLECTIVO ACCIÓN DIRECTA-CHILE 
EQUIPO INTERNACIONAL

 

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